shutterstock_201440825

 

Érase una vez que se era en el muy lejano reino de las hadas habitaba un hada traviesa y juguetona. La pequeña hada se divertía pintando las alas de las mariposas, dibujando topitos en las mariquitas, dándole color a las flores, hablando con los pequeños animales del bosque… sin embargo, a pesar de sus múltiples y divertidas tareas, se aburría.

La traviesa hada soñaba con volar lejos, sobrevolar el cielo y llegar a otros mundos. Sí, la muy traviesilla soñaba con volar hasta el reino de los humanos. Nunca había estado en él, solo conocía a los humanos por las fotos de los libros de la gran biblioteca del Palacio de las Flores.

La pequeña hada se pasaba las horas contemplando las fotos de aquellos seres enormes a sus ojos, sobre todo le gustaba ver las fotos de los más pequeños. Sí, adoraba aquellos seres, soñaba con ver a los niños de cerca y poder revolotear a su alrededor.

Una mañana nuestra amiga hablaba con un ratón, que venía de la ciudad:

?Eres como mi primo?dijo el ratón.

?¿Tu primo? ¿Quién es tu primo? ?preguntó intrigada el hada sin parar de mover delicadamente sus diminutas alas.

?Pérez, ¿no has oído hablar de él?

?No, ¿qué tiene de especial tu primo?

El ratón se sentó un momento entre las coloridas flores para contarle la historia de su primo el ratón Pérez, el hada estaba encantada y soñaba con emular al pequeño roedor.

El hada estaba emocionada, ¡ella quería ser como aquel ratón!, rauda y veloz voló hacia el Palacio de la reina de las hadas, necesitaba hablar con ella. El hada quería pedirle permiso para convertirse en la nueva ayudante de Pérez, que tenía mucho trabajo porque en el reino de los humanos había muchos niños a los que cambiarles los dientes por monedas.

La reina de las hadas no estaba muy convencida pero vio tan ilusionada a la más pequeña y locuela de sus hijas que le concedió su deseo y, así aquella pequeña hada traviesa se convirtió el hada de los dientes.

El hada se cuela en las casas para cambiar los dientes de leche por monedas, así que ya sabes, si un día te despiertas y escuchas un pequeño revoloteo de alas puede ser que se trate de nuestra amiga, la traviesa hada de los dientes.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado, y el que no levante el culete se le queda pegado…