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Blog para compartir experiencias

Ya sea un cuento, un libro o una película, los relatos ayudan a estimular nuestra imaginación y pueden ser una estupenda forma de aprender. Pueden servirnos de inspiración, enseñarnos valores, llenarnos de optimismo y felicidad, y estimular nuestra creatividad mientras dejamos volar la imaginación y recorremos los escenarios y paisajes que describen las historias.

La historia del Ratoncito Pérez

Shhh, silencio, ojos bien abiertos y orejas preparadas para escuchar, prestad atención que empieza la historia. Y no es una historia cualquiera, porque su protagonista no es otro que un ratón muy, muy especial, el Ratón Pérez.

¿Sabías que? El Instituto Cervantes nos explica que el Ratón Pérez nació en tiempos remotísimos, cuando las madres ofrecían los dientes de leche de sus hijos a los roedores, para que los niños crecieran fuertes y sanos. Y,  desde entonces, este extraordinario ratón recoge los dientes que los niños colocan bajo la almohada y deja, a cambio, moneditas o regalos”.

Viajamos en el tiempo hasta el año 1902, para descubrir el momento en el que se publicó por primera vez la historia del Ratón Pérez, en un cuento dedicado al rey niño Buby I que colocó su diente debajo de la almohada, como es costumbre hacer, y esperó impaciente la llegada del ratoncito.

Ya se había dormido cuando un suave roce lo despertó. Tras las respectivas presentaciones y varios intentos de cogerle el rabo, Buby consiguió convencer y acompañar a Ratón Pérez en su misión nocturna…

Esta es la primera historia pero, como ya sabemos, no es la última. Durante más de 100 años el Ratón Pérez ha protagonizado muchísimas historias, cuentos e incluso películas. Este ratón, ¡no para quieto!

¿Sabes en qué películas ha aparecido nuestro ratón favorito?

En el cine, ha sido protagonista de las películas “Pérez, el Ratoncito de tus sueños” 1 y 2.  Y es que, al ratoncito le encantan las películas :). A continuación, puedes ver el tráilers de su primera aparición en la gran pantalla:

Con este avance, ¡nos quedamos con muchas ganas de verla!

Igual que a Pérez, a nosotros también nos encanta el cine y sabemos que es una buena oportunidad de descubrir nuevas historias y, como decíamos al principio de estas líneas, dejar volar nuestra imaginación ;).

Por eso, ¡este mes queremos invitarte al cine, ese lugar tan mágico! Psst, Mamis y Papis, podéis descubrir cómo conseguir una entrada gratis en el siguiente enlace: http://www.sonrisasphb.com/

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Jacobo llevaba semanas esperando la caída de su primer diente, no dejaba de mover con la punta de su lengua la paleta que había comenzado a moverse. Jacobo estaba desesperado, ¡Pérez había visitado a todos los niños de su clase menos a él! Por eso, aquella mañana, cuando dando el mordisco a una galleta notó […]

Jacobo llevaba semanas esperando la caída de su primer diente, no dejaba de mover con la punta de su lengua la paleta que había comenzado a moverse. Jacobo estaba desesperado, ¡Pérez había visitado a todos los niños de su clase menos a él! Por eso, aquella mañana, cuando dando el mordisco a una galleta notó la caída del diente, gritaba de alegría:

―¡Ya ha caído! ¡Ya ha caído! ―gritó dando tres vueltas alrededor de la mesa de la cocina y revolucionando con sus gritos y carreras a su hermana pequeña y a Akela, el cachorro de labrador que hasta hacía un instante buscaba miguitas bajo la mesa.

Los padres de Jacobo, alertados por los gritos y las carreras, entraron corriendo en la cocina temiendo el inicio de cualquier cataclismo.

 

―¿Qué ocurre? ―preguntó el papá de Jacobo con la boca llena de pasta de dientes.

―¿Qué sucede? ―quiso saber su madre mientras terminaba de abrocharse la falda.

―¡El diente! ¡Mi diente se ha caído! ―exclamó eufórico Jacobo, notando como la lengua intentaba colarse por aquel huequecillo―. ¡Por fin Pérez vendrá a visitarme!

―¡Pérez… Pérez! ―repitió su hermana pequeña dando palmas y acompañada por los ladridos de Akela, que se sumaba a la fiesta de sus hermanos humanos.

―¿Qué me traerá Pérez? ¿Meto el diente ya bajo la almohada? ¿Y si no puede colarse bajo mi almohada para cogerlo? ¿Y si se asusta porque Akela intenta olerlo? ―Jacobo encadenaba una tras otra las preguntas.

―¡Akela es bueno! ―reivindicó la pequeña Laura acariciando a su querido perro.

―Calma, Pérez no se asustará por Akela, él está acostumbrado a toparse con todo tipo de mascotas en las casas ―dijo el padre de Jacobo.

―Papá, parece que tengas la rabia ―rio Jacobo fijándose en la espuma blanca que salía de la boca de su padre, haciendo reír a su hermana y volviendo a las carreras y gritos alrededor de la mesa.

―Niños, parad ya las carreras, por favor ―pidió la madre de Jacobo, a sabiendas de que a sus hijos poco les hacía falta para montar una revolución―. Enhorabuena, cariño ―dijo acariciando la cabeza de Jacobo―, ya eres todo un hombrecito al que se le ha caído el primer diente ―comentó dejándole un beso en la cabeza.

―¡Quiero verlo! ¡Quiero verlo! ―pidió a gritos Laura, que estaba emocionada con la caída del diente de su hermano y la llegada de Pérez―. ¿Podremos esperar despiertos a Pérez? Me gustaría conocerlo.

―No ―contestó la madre―, Pérez, como todos los seres mágicos, no visita las casas hasta que todos sus habitantes duermen.

―Mira ―dijo Jacobo abriendo su mano y enseñándole su tesoro.

―¡Hala! ―exclamó Laura―. A ver…

 

Jacobo no tuvo tiempo de reaccionar, Laura le había quitado el diente de la mano y corría alrededor de la mesa con su más preciado tesoro.

―¡Dámelo! ¡Es mío! Si no hay diente no viene Pérez.

―Déjamelo un poquito ―dijo, mientras su hermano la alcanzaba haciendo que se tambaleara y que el diente se precipitara al vacío.

―¡Mi diente! ¡Eres una tonta!

―¡Jacobo! ―gritaron sus padres.

―¡Ha tirado mi diente! ―lloriqueó―. Si no tengo diente no vendrá Pérez ―casi balbuceó, porque el llanto comenzaba a aflorar en sus ojos.

―Ya lo buscamos entre todos, no pasa nada ―respondió su padre poniéndose a cuatro patas para buscar el diente.

―¡No os mováis! ―dijo la madre haciendo lo mismo.

 

Laura se había quedado paralizada, y comenzaba un silencioso llanto porque no quería que Pérez no visitara a su hermano. Akela no sabía a cuál de los dos hermanos lamerle las lágrimas. Los padres buscaban y buscaban pero el diente no aparecía, podía haber saltado a cualquier sitio.

 

El papá de Jacobo miró las patas de Akela por si lo llevaba en ellas, pero nada, en el cuenco de su comida, bajo las sillas y la mesa, pero el diente no aparecía.

 

―¡Es inútil! ¡No lo encontraremos y Pérez no vendrá!

―Ya verás que sí ―intentó consolarlo su madre.

―Todo por culpa de esta pulga enana que quiere cogerlo todo ―dijo señalando a su desconsolada hermana.

―Ha sido un accidente ―entre hipidos dijo Laura―, yo no quería tirarlo.

―Si no lo encontramos le dejaremos una nota a Pérez ―dijo su madre intentando salvar la situación.

―No, eso no vale. La abuela me contó que Pérez solo deja regalos a cambio de dientes y el diente debe de estar bajo la almohada antes de salir la luna, si no, él no sabrá que debe ir a tu casa.

 

De pronto Akela comenzó a ladrar y a mover el rabo mientras parecía olisquear algo bajo la nevera. Jacobo corrió junto a su fiel compañero de juegos.

 

―¿Lo has encontrado? ―preguntó lloroso mientras se agachaba junto al labrador para mirar bajo el pequeño hueco de la nevera y ver su pequeño tesoro―. ¡Sííí! ―gritó ya con su diente en la mano, acariciando la cabeza de su perro―. ¡Eres el mejor! ¡Pérez vendrá a casa! ―gritó, mientras se daba cuenta que Laura lloraba desconsolada en una esquina―. Lo siento, Laura, no tenía que haberme enfadado contigo.

 

Los dos hermanos se abrazaron mientras Akela intentaba chuparlos, para diversión de ellos.

 

―Creo que mejor dejo ya el diente bajo la almohada para que no vuelva a perderse.

 

Aquella noche Jacobo, Laura y Akela se acostaron bien temprano deseosos de poder ver a Pérez en su visita nocturna… Colorín colorado este cuento se ha acabado y al que no levante el culete se le quedará pegado.

 

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Hoy hace un buen día para pasear por el campo. Parece que el paisaje ya está saliendo del frío invierno y el cielo se presenta azul, como si un misterioso duende hubiera descorrido las cortinas que tapaban las ventanas llenas de luz.

En los árboles han salido algunas flores que anuncian que pronto tendremos almendras y cerezas para el postre. Es la magia de la primavera que ha llegado a Pueblilla del Monte y toda la sierra de Rubiales. Así que el doctor Margarito Cifuentes, el dentista más famoso del pueblo y sus contornos, ha salido a pasear sendero arriba.

Iba sumido en sus mil pensamientos (un hombre que ha vivido tanto siempre tiene algo que recordar), cuando, de repente, descubrió a un niño sentado debajo de un olivo. Miraba al suelo y parecía triste, como si hubiera llorado, aunque también podrían ser las últimas gotas del rocío de la mañana. Se acercó muy despacio, para no asustarle, y le dijo:

-Te veo muy triste, niño, ¿es que acaso te falta cariño?

El pequeño lo miró, con los ojos tristes, y le contestó:

-¿Te acuerdas de que se me movía un diente? Pues ayer se me cayó de repente. Lo puse debajo de la almohada, por si Pérez, el Ratoncito, de pronto llegaba. Pero ha pasado la noche, ha llegado el día, y el diente sigue ahí, el ratón no lo quería.

-No te preocupes chiquillo, Pérez, el ratón, es un poco despistadillo, igual con tanta primavera se le ha ido la sesera. Inténtalo de nuevo esta noche, príncipe hermoso, que seguro te trae un regalo fabuloso.

Y así fue como el niño, alborozado y con una sonrisa de oreja a oreja, se marchó, con la esperanza de que esa noche, por fin, el Ratoncito Pérez encontrara el camino hacia su casa.

Con el corazón más contento por haber dado alegría a un triste niño, Margarito regresó a su casa. Al abrir el portón ya notó un sonido a patitas cortas y hocico puntiagudo. “No puede ser”, pensó. La sorpresa fue mayúscula cuando al abrir la alacena para coger su taza favorita para la merienda, se encontró al mismísimo Pérez asomando sus bigotes por la porcelana.

-¿Qué haces aquí ratón travieso, no ves que no me queda ni una miga de queso?

-Soy yo, Margarito, Pérez, el ratoncito.

-¡¡Bribón… ¿qué haces en mi hogar, no ves que tienes que trabajar?!!

-Ha sido la primavera, que mi cabeza altera, me quedé mirando el paisaje y se me despistó el viaje.

-Ese niño al que buscas vive en la calle Mayor y esta noche te espera con auténtico fervor. No te despistes y vete ligero, que los sueños de los niños siempre son lo primero. Pero espera, no te puedes ir sin merendar, debes tener mucha fuerza para los dientes cargar.

Y así fue como Margarito y el Ratoncito Pérez disfrutaron una deliciosa merienda hasta que llegó la noche. Con las primeras estrellas Pérez se despidió del doctor y fue hasta la almohada de aquel niño triste que, por fortuna, se despertó a la mañana siguiente con una sonrisa radiante en sus labios. El Ratoncito Pérez había encontrado el camino y el doctor Margarito tenía razón: “La esperanza es lo último que se pierde, incluso cuando pierdes un diente”.

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