• Momentos para Sonreír

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Blog para compartir experiencias

Querido verano, ya sabes cuánto nos gustas. Las vacaciones por excelencia son tuyas, los mejores días de playa, las jornadas de juegos en la piscina y las tardes con meriendas de helados llevan tu nombre. A tu lado desconectamos de la rutina del curso escolar, pero ¡cuidado! No podemos desconectar de todas las rutinas.

Las vacaciones pueden traer consigo cambios en los hábitos de alimentación y de higiene bucodental, que pueden provocar la proliferación de bacterias en nuestra boca. El aumento de las bacterias orales puede causar la aparición de caries dentales o gingivitis (inflamación de las encías), los problemas bucodentales más frecuentes en esta época, como explica el Consejo General de Colegios de Odontólogos y Estomatólogos de España.

Esta relajación de la rutina diaria, los viajes y las comidas fuera de casa pueden ponérselo difícil a nuestros dientes. Por este motivo, es importante no descuidar la salud bucodental durante el verano y mantener nuestros hábitos higiene bucal, así como una alimentación e hidratación adecuadas, esenciales para evitar estos problemas.  

En verano, conviene escoger alimentos frescos y variados, con una dieta rica en frutas y verduras. Seguir la recomendación de comer, al menos, cinco raciones al día de frutas y verduras, es más fácil en esta época del año por la variedad de frutas de temporada, ¡que tanto nos gustan ;)!

¡Dientes sanos estés dónde estés!

La higiene es imprescindible para evitar el acumulo de bacterias, por lo que es importante tener un cuidado especial de la higiene de la boca y los dientes. Asimismo, debemos lavarnos las manos antes de cada comida.

Tanto si pasamos las vacaciones en casa, como si nos marchamos de viaje, nuestra higiene bucodental debe acompañarnos. Para llevarnos todo lo necesario haya donde vayamos, los kits dentales de viaje de PHB están preparados para poder cepillarte los dientes estés donde estés.

Si queremos llegar a septiembre con una buena salud bucodental, y disfrutar de una vuelta al cole con las sonrisas sanas, recordad que no podemos olvidarnos de cepillarnos los dientes, al menos, dos veces al día.

Siguiendo estas recomendaciones, disfrutaremos de un verano con la mejor de nuestras sonrisas :).

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Al hablar de salud bucodental lo primero que nos viene a la cabeza es una correcta higiene. En seguida, la imagen del cepillo de dientes flota en nuestra imaginación. Y sí, es cierto que es una de las herramientas más eficaces para tener unos dientes sanos y fuertes, pero no la única. No, aquí, como en la mayoría de (por no decir todos) los temas relacionados con la salud, la alimentación juega un papel muy importante.

Lo sé, no es necesario que te diga que tu peque necesita tener una dieta sana y equilibrada, en la que las vitaminas, minerales, calcio y la correcta medida de flúor jueguen un papel protagonista. Sí, lo sé: por muy padres primerizos que seamos, el sentido común nos hace ver lo importante que es una correcta dieta para la salud general de nuestro peque. De todos modos, refresquemos cuáles son esos alimentos que benefician una correcta salud bucal:

– Frutas y verduras ricas en fibras, por ejemplo, la manzana, la pera, la zanahoria. Su ingestión ayuda a estimular la salivación, a eliminar la placa dental y a refrescar el aliento.

– Legumbres y hortalizas, beneficiosas para la estructura del diente y los huesos.

– Productos lácteos, por el aporte de calcio.

– Agua con flúor. En algunas comunidades se fluorizan las aguas para prevenir la caries. Habla con tu odontólogo para ver si es el caso de tu comunidad y determinar si es necesario un aporte adicional de flúor (además del aporte procedente de dentífricos y colutorios).

Sin embargo, para una correcta y sana alimentación no solo es importante lo que nuestros peques coman, sino el respetar los horarios de las comidas.

Comer entre horas, el conocido picoteo, no solo nos hace subir de peso sino que afecta de manera directa a nuestros dientes. ¿Por qué? Normalmente, cuando los peques comen entre horas (ejem… es aplicable a los adultos también), suelen relajar su alimentación y tomar zumos, refrescos, aperitivos dulces o salados, galletitas… Bien, pues los azúcares y almidones de estos deliciosos pero traicioneros alimentos se confabulan con la placa dental para producir ácido, ácido que ataca al esmalte de nuestros dientes pudiendo llegar a generar caries.

La simple ingestión de una galleta provoca la creación del dañino ácido. Por ello, cuanto más azúcar comamos más ácido se producirá. Si caes en la tentación procura cepillarte los dientes y así evitar males mayores.

Así que no lo olvides: la correcta alimentación e higiene bucal desde la más tierna infancia puede frenar la aparición temprana de las temibles caries.

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Jacobo llevaba unos días que se escabullía a la hora de lavarse los dientes, en vez de cepillarse cuidadosamente su dentadura, jugueteaba con el cepillo y la pasta de dientes. Jacobo, lo que sí hacía era chuperretear el dentífrico porque le molaba su sabor. Una noche cuando la mamá de Jacobo pasaba por delante del cuarto de baño descubrió a su hijo jugando con su juguete favorito, un impresionante cocodrilo, al que estaba limpiando con su cepillo de dientes.

Su mamá no le dijo nada siguió rumbo a su habitación en la que lo espero para arroparlo y contarle un cuento.

―¿Qué cuento vamos a leer hoy, mami? ―preguntó Jacobo que ya estaba acostado junto a su querido e idolatrado cocodrilo.

―No, hoy no vamos a leer ninguno de tus cuentos, hoy te voy a contar una historia de un cocodrilo muy especial.

―¡Guay! ―exclamó Jacobo al que le encantaban las historias de reptiles, especialmente, si hablaban de cocodrilos y caimanes.

La mamá de Jacobo se sentó en la cama junto a su sonriente hijo, que la contemplaba atento:

Érase una vez que se era, hace ya unos cincuenta y cinco millones de años, la familia de Crocodylus estaba a punto de irse a dormir….

―¿A dormir? ¿Cómo dormían los cocodrilos de la prehistoria, mamá? ¿Tenían camas? ¿Se parecían a los cocodrilos de ahora?―interrumpió la historia Jacobo.

―Bueno, ya sabes que no duermen en camas como los humanos, y mañana buscaremos imágenes de los antepasados de los cocodrilos. ―explicó su madre.

La familia Crocodylus era muy especial, pues, eran considerados como los más fuertes y poderosos de todos los animales del Jurásico…

―Pero… ¿era un cocodrilo marino? Vi un reportaje con papi en el que decían que los cocodrilos marinos son ¡los más grandes y poderosos!

―Uhm…no, bueno, no lo sé. ―comentó su madre a la que le costaba seguir el ritmo de la historia y llevarla al punto donde ella quería. ―. ¿Quieres que siga con la historia?

Jacobo asintió con un movimiento de cabeza y volvió a prestar atención.

Aquella noche la mamá Crocodylus observó detenidamente los afilados dientes de su pequeño, el que más tarde o más temprano se convertiría en el más valiente cocodrilo de todo el continente, entre sus enormes y poderosos dientes, observó muchos restos de comida. Mamá Crocodylus miró a su pequeño y le dijo:

―Croco, ¿sabes por qué somos unos de los animales más respetados?

―¡Croco! ¡Eres tú! ―exclamó Jacobo volviendo a interrumpir la historia de su madre bajo los risueños ojos de ella, que ya estaba acostumbrada a las continuas interrupciones de su hijo.

―¡Porque somos los más fuertes!― exclamó imitando un supuesto sonido de cocodrilo―Con nuestra enorme boca de dientes afilados podemos con cualquier enemigo.

―Sí, exacto, pero para poder seguir siendo así hemos de cuidarnos.

―¿Cuidarnos?

―Sí, cuidarnos. ¿No cuidas tu alimentación?

―Sí―contestó Croco.

―Pues, con nuestros dientes hemos de hacer lo mismo o te pasará como al hermano del abuelo.

―¿Qué le pasó?

―¿Qué come el hermano del abuelo?

―Hierba, cangrejos, insectos. ―explicó Croco sin poder evitar una sonrisa.

―¿Y los crocodylus comemos hierba?

―Nooo…puafff…―se quejó Croco―¡Somos carnívoros!

―Exacto, pero como no se cuidó los dientes, ahora no puede comer carne solo hojas y ya ningún animal lo respeta.

―Vaya―dijo Croco―, ahora vuelvo, mami.

―¿A dónde vas? ―preguntó su madre sonriente dejando ver su temible mandíbula.

―A lavarme los dientes, que no me había acordado, no quiero perder mis dientes.

Croco fue a lavarse los dientes, nunca más lo olvidó y así fue como se convirtió en el cocodrilo con los dientes más relucientes de la historia.

―¿A dónde vas? ―preguntó la mamá de Jacobo, a la que le costaba disimular la risa.

―Pues, que no me he lavado los dientes correctamente y no quiero terminar como el abuelo de Croco. La lechuga está buena pero prefiero comer otras cosas, como esas galletitas crujientes tan deliciosas que haces. ―explicó Jacobo levantándose para ir corriendo al baño. ―.Aunque mami, sé que los cocodrilos no se lavan los dientes con cepillo y pasta dental sino que dejan entrar a unos pequeños pajaritos, llamados chorlitos que se alimentan de los restos que quedan entre sus dientes. ―explicó antes de salir corriendo al baño arrancando la sonrisa de su madre.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado y el que no se haya lavado los dientes corriendo vaya al baño…

 

Elva Martínez

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