• Momentos para Sonreír

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Blog para compartir experiencias

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Hace mucho, mucho tiempo, había un mago que viajaba de aldea en aldea en busca de buenos corazones a los que ayudar. Su punto fuerte eran los hechizos y las pociones y con ello ofrecía sus servicios a todo aquel que lo necesitase.

Un buen día el mago llegó a una aldea donde todo iba sobre ruedas. Ningún pueblerino necesitaba de su ayuda, excepto uno, el sapito Curro.
Curro tenía un sueño. Había crecido al lado de Carlitos, su fiel amigo humano. Curro era la mascota de Carlitos y lo hacían todo juntos, excepto cepillarse los dientes, ya que Curro no tenía una sonrisa como la de su compañero. Su boca era verde y gris y él quería una dentadura blanca y fuerte como la de su amigo.

Curro quería poder compartir ese momento con Carlitos, igual que poder compartir su comida con él. Por eso, visitó al mago y éste le dijo que si conseguía lavarse su sonrisa después de cada comida, al cumplir los tres días podría sonreír feliz porque su sueño se cumpliría, de lo contrario, si no se cepillaba los dientes correctamente, volvería a tener su sonrisa verde y triste sin poder cambiarla.

Así fue como Curro aceptó y el mago lo transformó en un sapito sonriente con una sonrisa blanca y reluciente que, además de mejorar su imagen, le permitía comer de todo y le ayudaba a comunicarse mejor con Carlitos, su fiel amigo.

“Me encanta mi sonrisa”, repetía el sapito con mucha felicidad. “Cuida de tus dientes, Curro si no quieres quedarte sin tu sonrisa”, le dijo el mago. Currito le dijo que no se preocupase que lo haría después de cada comida. Pero eso no era lo que más le preocupaba al mago. Este le recordó que no comiese tantas golosinas como Carlitos, ya que eso no era bueno.

Ahora podía compartir miles de momentos con Carlitos y juntos se alimentaban a base de dulces y otros alimentos llenos de azúcar.

Mientras, Curro se lavaba los dientes después de cada comida, pero como junto a su compañero abusaban los dos del azúcar, sus dientes empezaron a oscurecerse.

El tiempo pasó y como Curro cuidaba de su rutina de higiene, su sueño se cumplió, pero no todo era oro. Así fue como un día aparecieron las caries y se fueron extendiendo a poco a poco hasta que Curro decidió visitar al mago. Quería encontrar un remedio antes de que fuera demasiado tarde.

El mago le dijo que él le había advertido y que tenía que cuidar de su sonrisa, no sólo con un buen cepillado, sino también de su alimentación.
Carlitos también tenía caries y Currito se lo contó al mago para que también pudiese encontrar un remedio para su fiel amigo. A los dos les dolían mucho los dientes.

El mago le dijo que sólo podía curar a uno de los dos y Currito le dijo que curase a su amigo Carlitos, que lo necesitaba más que él.

El mago curó la sonrisa de Carlitos y el sapito volvió a casa con su sonrisa verde y triste de siempre.
Como no había cumplido su palabra, el mago no lo había podido salvar y le había devuelto su sonrisa de siempre. Pero al llegar a casa, Currito le dijó a Carlitos que cuidara de su sonrisa y de su alimentación.
Carlitos le abrazó y le dijo que así lo haría. Al día siguiente, al levantarse de la cama, el sapito encontró debajo de la almohada una dentadura sonriente blanca y reluciente de su tamaño.

El mago le había hecho ese regalo como muestra de su amistad y de su buena fe.

Y así fue como Carlitos y Curro sonrieron felices y se lavaron sus sonrientes dientes para siempre.

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El factor más importante para decidir si empezar o no un tratamiento de ortodoncia temprano es valorar cuáles van a ser las consecuencias de no comenzarlo. Lo que va a condicionar el inicio del tratamiento es la patología que presente el niño, no su edad; algunos problemas ortodónticos son más fáciles de corregir si son […]

El factor más importante para decidir si empezar o no un tratamiento de ortodoncia temprano es valorar cuáles van a ser las consecuencias de no comenzarlo. Lo que va a condicionar el inicio del tratamiento es la patología que presente el niño, no su edad; algunos problemas ortodónticos son más fáciles de corregir si son detectados a tiempo.

El diagnóstico exhaustivo, mediante la realización de un estudio de ortodoncia, es necesario para que el odontopediatra u ortodoncista pueda identificar aquellos problemas que son susceptibles de ser tratados en una etapa temprana (dentición temporal o mixta) y diferenciarlos de aquellos que necesitarán un tratamiento correctivo más tardío (dentición permanente).

Hay casos en los que es necesario planificar el tratamiento de ortodoncia en dos fases. Una primera fase en edad temprana y otra segunda fase cuando hayan erupcionado los dientes permanentes, con la que se finalizará el tratamiento de ortodoncia.

El objetivo que se persigue al empezar un tratamiento temprano de ortodoncia consiste en la corrección de los problemas bucodentales ya existentes o que estén en proceso de desarrollo para preparar un mejor entorno orofacial antes de que la dentición permanente se haya completado.

Cuando observamos problemas que afectan no solo a la colocación de los dientes sino que también involucran a estructuras óseas, como el maxilar o la mandíbula, los tratamientos tempranos pueden están indicados incluso desde los 3 años de edad. Los tratamientos de ortodoncia temprana tratan de aprovechar el crecimiento del niño para conseguir una mejor corrección de su patología y permitir, una vez corregido el problema, que el niño tenga un crecimiento y desarrollo craneofacial fisiológico.

En este tipo de tratamientos la colaboración de los niños y los padres es muy importante para conseguir los resultados planificados. En muchas ocasiones, la corta edad de los pacientes y las características de la aparatología necesaria para el tratamiento implican que los padres sean los responsables de su buen uso y mantenimiento.

Para detectar de forma temprana si nuestro hijo presenta alguna alteración que pueda requerir el inicio de un tratamiento de ortodoncia, no debemos olvidar asistir a las revisiones del odontopediatra cada 6 meses. Este especialista ayudará a resolver las dudas que nos puedan surgir y nos informará de la necesidad o no de empezar el tratamiento de ortodoncia, según cada caso.

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No ocultes tu sonrisa

A muchos niños les llega a mitad de la infancia la mala noticia de que es necesario que lleven un aparato dental para corregir problemas dentales. Como siempre decimos, es importante que los niños vayan con periodicidad al dentista porque si bien es cierto que llevar aparato no es de gusto de nadie también es […]

A muchos niños les llega a mitad de la infancia la mala noticia de que es necesario que lleven un aparato dental para corregir problemas dentales. Como siempre decimos, es importante que los niños vayan con periodicidad al dentista porque si bien es cierto que llevar aparato no es de gusto de nadie también es verdad que a veces llevarlo de manera temprana puede acortar el tiempo, o incluso evitar que se tenga que utilizar un aparato dental más complicado en el futuro.

Éste es el caso de mi hija: a ella hace tiempo ya que le dijeron que tendría que llevarlo y, junto con el odontólogo, la hemos estado controlando cada seis meses para encontrar el punto adecuado para ponerle aparato dental. El momento ha llegado y ya estamos en el proceso. En nuestro caso teníamos claro que necesitaba ortodoncia (a simple vista se veía que los dientes se estaban colocando en dos filas porque no había espacio) pero si no lo tenéis claro no pasa nada por buscar una segunda opinión. Es importante confiar en los profesionales que nos tratan, siempre.

El problema de los aparatos de ortodoncia es que suele coincidir con un mal momento en la maduración de los niños. O bien sucede con 9-10 años o directamente en la adolescencia que de por sí es una etapa muy dura para los chavales. Tienen la edad suficiente para saber que es por su bien y puedes razonarlo con ellos, pero a la vez es la edad de los complejos, del no encontrarse bien con uno mismo y de tener mucho miedo a no encajar.

Todos los adultos hemos pasado por esa fase y sabemos que no es ninguna tontería.

¿Y cómo ayudarles a aceptarlo?

  • Háblale de que es bueno para su futuro. Cuando termine de llevarlo tendrá una sonrisa preciosa y de la que se sentirá orgulloso.
  • Cuéntale que es como cuando llevas una escayola: ni es cómodo, ni lo más estético del mundo, pero cuando la quitamos hemos conseguido arreglar un ‘problema’ en nuestro cuerpo.
  • Dile que no es un problema que se solucione por sí solo y que hay muchos adultos que utilizan aparato dental para corregir problemas que debieran haberse solventado cuando eran pequeños.
  • El porcentaje de niños que necesitan aparato es muy alto: llevarlo no nos convierte en bichos raros.
  • Una ortodoncia conlleva un mantenimiento constante y necesita de productos específicos. Mantener en condiciones nuestra ortodoncia nos va a ayudar además a aprender a cuidar, con constancia, las cosas delicadas.
  • Y llevar aparato es también una suerte: cuesta mucho dinero y hay mucha gente que no puede permitírselo. Hay que explicarles a los niños que son unos afortunados por tener la oportunidad de solucionar sus problemas dentales y que lo valoren como tal.

¿Cómo lo llevan vuestros hijos? Sabemos que no es una tarea fácil ayudarles en ese trance pero si conseguimos transmitirles la idea de que no es un castigo sino una suerte habremos ganado la batalla.

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