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Blog para compartir experiencias

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Al hablar de salud bucodental lo primero que nos viene a la cabeza es una correcta higiene. En seguida, la imagen del cepillo de dientes flota en nuestra imaginación. Y sí, es cierto que es una de las herramientas más eficaces para tener unos dientes sanos y fuertes, pero no la única. No, aquí, como en la mayoría de (por no decir todos) los temas relacionados con la salud, la alimentación juega un papel muy importante.

Lo sé, no es necesario que te diga que tu peque necesita tener una dieta sana y equilibrada, en la que las vitaminas, minerales, calcio y la correcta medida de flúor jueguen un papel protagonista. Sí, lo sé: por muy padres primerizos que seamos, el sentido común nos hace ver lo importante que es una correcta dieta para la salud general de nuestro peque. De todos modos, refresquemos cuáles son esos alimentos que benefician una correcta salud bucal:

– Frutas y verduras ricas en fibras, por ejemplo, la manzana, la pera, la zanahoria. Su ingestión ayuda a estimular la salivación, a eliminar la placa dental y a refrescar el aliento.

– Legumbres y hortalizas, beneficiosas para la estructura del diente y los huesos.

– Productos lácteos, por el aporte de calcio.

– Agua con flúor. En algunas comunidades se fluorizan las aguas para prevenir la caries. Habla con tu odontólogo para ver si es el caso de tu comunidad y determinar si es necesario un aporte adicional de flúor (además del aporte procedente de dentífricos y colutorios).

Sin embargo, para una correcta y sana alimentación no solo es importante lo que nuestros peques coman, sino el respetar los horarios de las comidas.

Comer entre horas, el conocido picoteo, no solo nos hace subir de peso sino que afecta de manera directa a nuestros dientes. ¿Por qué? Normalmente, cuando los peques comen entre horas (ejem… es aplicable a los adultos también), suelen relajar su alimentación y tomar zumos, refrescos, aperitivos dulces o salados, galletitas… Bien, pues los azúcares y almidones de estos deliciosos pero traicioneros alimentos se confabulan con la placa dental para producir ácido, ácido que ataca al esmalte de nuestros dientes pudiendo llegar a generar caries.

La simple ingestión de una galleta provoca la creación del dañino ácido. Por ello, cuanto más azúcar comamos más ácido se producirá. Si caes en la tentación procura cepillarte los dientes y así evitar males mayores.

Así que no lo olvides: la correcta alimentación e higiene bucal desde la más tierna infancia puede frenar la aparición temprana de las temibles caries.

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La higiene dental es más compleja de lo que creemos a veces. A veces parece que es lavarse los dientes… y ya. Pero además de los dientes, en la boca existen otras cosas que hay que cuidar: encías y lengua. Sólo si cuidamos de todo ello conseguiremos que nuestra boca esté en perfecto estado de […]

La higiene dental es más compleja de lo que creemos a veces. A veces parece que es lavarse los dientes… y ya. Pero además de los dientes, en la boca existen otras cosas que hay que cuidar: encías y lengua. Sólo si cuidamos de todo ello conseguiremos que nuestra boca esté en perfecto estado de revista.

¿Nuestros aliados? Además de pasta y cepillo de dientes, debemos utilizar hilo dental para hacer que no queden restos de comida en los espacios interdentales y por supuesto enjuague bucal.

Antes de los 6 años no debemos utilizarlo con los niños. Es importante que sepan que el enjuague bucal no debe tragarse bajo ningún concepto. Aunque los enjuagues para niños no suelen contener alcohol, no es bueno tragárselo por el flúor y los otros componentes químicos. Por eso es recomendable que lo utilicen con nosotros al lado, para asegurarnos de que lo usan correctamente.

PHB tiene enjuagues específicos para niños de 6 a 12 años como complemento al cepillado dental, pero ojo, no como sustitutos. Se debe utilizar enjuague “ADEMÁS de”, no “EN vez de”.

Lo del enjuague, afortunadamente, a los niños les resulta muy divertido. El enjuague bucal es muy refrescante y tener que agitarlo muy deprisa por todos los rincones de la boca es hilarante para los peques. Es importante pasarlo por toda la boca e incluso hacer gárgaras para que llegue a todas partes.

Y es que los beneficios de los enjuagues son claros:

  • Ayudan a prevenir la caries dental
  • Protegen los dientes contra la placa
  • Previenen las manchas dentales
  • Fluorizan la boca
  • Matan los gérmenes que causan la halitosis

El uso de enjuagues es interesante, en general, pero para personas con propensión a la caries o con tendencia al mal aliento son básicos. Compra el tuyo para los adultos y otro para tus hijos.

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Se conoce como halitosis a ese olor fuerte y desagradable que se desprende de la cavidad bucal, por ello también es conocida como mal aliento. En la mayoría de los casos está relacionada con una deficiente limpieza, aunque en algunas ocasiones puede estar relacionada con otra afección. Es importante y necesario no tomarlo como un […]

Se conoce como halitosis a ese olor fuerte y desagradable que se desprende de la cavidad bucal, por ello también es conocida como mal aliento. En la mayoría de los casos está relacionada con una deficiente limpieza, aunque en algunas ocasiones puede estar relacionada con otra afección. Es importante y necesario no tomarlo como un mal pasajero o sin importancia, de su cuidado y detección van a venir muchas ventajas para nuestro organismo, especialmente en los niños.

Aunque pensemos que la halitosis es un mal de adultos, muchos son los niños que, desgraciadamente, ya la padecen. En la mayoría de los casos la causa es el escaso cuidado que tenemos los padres a la hora de limpiarles sus dientes.

Ya hemos visto que, aun siendo bebés y teniendo los dientes de leche, es primordial que se les lave con cuidado, con el fin de quitarles los restos de alimento que se les quedan impregnados. Esto nos ayudará no sólo a conservar un aliento fresco, sino también a asegurarnos que va a desarrollar unas buenas encías y unos futuros dientes llenos de salud.

La halitosis infantil, como la de los adultos, es principalmente problema de la higiene dental. Así vamos a educar a nuestros hijos, desde bien temprano, en la necesidad de lavarse con cuidado y profundidad sus piezas dentales. La falta de estos cuidados puede degenerar en caries, periodontitis, gingivitis o aftas, entre otros muchos. Precisamente estos males pueden ser causa de ese mal aliento que observamos en la cavidad bucal de nuestro peque.

Al primer síntoma de halitosis en nuestro bebé vamos a hacerle una limpieza en profundidad de sus dientes y observarlos con detenimiento para ver si, a simple vista, observamos algún problema en sus piezas. Después acudiremos al odontólogo, que  le hará una revisión mucho más a fondo, y nos aconsejará sobre el mejor modo de cuidar su boca.

El tratamiento que le realizará el odontólogo será una limpieza exhaustiva con el fin de eliminar a fondo el número de bacterias que se encuentran tanto en las piezas dentales, como en la lengua o en la bolsa periodontal. Además aplicará un tratamiento con Clorhexidina de baja concentración, Cloruro de cetilpiridinio y el Lactato de zinc, sustancias que han demostrado ser eficaces contra la halitosis. También aconsejará a los padres sobre cómo tratar y educar este problema en los niños.

Pero si nada se observare por parte del dentista, entonces tendremos que acudir al pediatra para que le realice un examen más minucioso porque el origen podría estar en otros órganos de su cuerpo.

Otra de las razones, especialmente cuando el niño es muy pequeño, es que se haya podido introducir algún pequeño objeto en las vías nasales: un trocito de esponja, una legumbre o una miga de pan puede estar descomponiéndose en su nariz y provocando ese fuerte olor. Lo mejor es acudir al médico para que se lo saque, hacerlo tú podría ser peligroso.

Pero si tampoco esta es la causa, podríamos estar ante problemas de garganta, de pulmones, de estómago o, incluso, renales. Aquí es donde el pediatra deberá hacer un comprobación exhaustiva, con todas las pruebas que necesite, a fin de descartar cualquier tipo de mal mayor.

En realidad, la halitosis en los niños es una llamada de atención que, generalmente, se resuelve con una higiene dental adecuada. De no hacerlo, ya vemos que podría degenerar en males mucho mayores.

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