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Blog para compartir experiencias

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Todos los padres y madres en algún momento nos hemos hecho la siguiente pregunta: ¿Por qué mi hijo/a lo muerde todo? ¿Qué placer le encuentra a morder objetos? Yo también me la estuve haciendo cuando veía a mi hijo llevarse a la boca cualquier cosa que se encontraba por ahí. Observándole, solo podía pensar en los gérmenes que le estaban atacando y en el mal sabor que debía de tener todo aquello.

Llevábamos un año intentando que dejase ese mal hábito, pero no había manera. Lo habíamos intentado todo para que parase. Tanto su padre como yo nos manteníamos siempre alerta, y a la que veíamos que cogía algo que iba directo a la boca se lo quitábamos. Pero, por fin, descubrimos que habíamos estado cometiendo un error durante todo este año.

Los niños/as necesitan llevarse objetos a la boca, de la misma forma que hay niños tocones que no paran quietos tocando y tirando todo lo que ven. Mordisquear y chupar objetos es una etapa de su proceso vital y psicológico. A medida que se haga mayor, él mismo aprenderá cuáles son los aptos para chupar y cuáles no. Y si nosotros, los padres y madres, nos preocupamos de mantener bien limpios los objetos de su alcance, no debería producirse ningún daño causado, por ejemplo, por gérmenes,y aquellos que no podemos controlar les ayudará a crear un sistema inmunitario más fuerte, ya que inimizaremos el riesgo de contagio con algún germen.

Al ver que llevábamos un año intentado que parase y sólo conseguíamos llantos y gritos, decidimos tomar medidas para mejorar este hábito e informarnos sobre que podíamos hacer.

Lo primero que aprendimos fue que a partir de ahora los objetos de su alrededor debían ser lo suficientemente grandes como para que fuese imposible que se los tragase. No quería que mi hijo sufriese un atragantamiento, lo que, por cierto, es la principal causa de accidente infantil. Me volví muy cautelosa, y me fijaba siempre en que, por ejemplo, los juguetes que comprábamos no tuvieran piezas pequeñas que se pudieran desprender.

También teníamos que estar muy atentos con los medicamentos y productos de limpieza: si nos advierten de forma insistente que los mantengamos fuera del alcance de los niños es por la sencilla razón de que todo lo que cogen, va directo a la boca.

Al principio, los niños se llevan los objetos a la boca como un acto reflejo, y cuando crecen un poco, lo hacen como forma de explorar el entorno. Ellos mismos, con este gesto, aprenden qué es bueno y qué no, qué se puede comer y qué no. Este acto se vuelve más frecuente a medida que crecen y les empiezan a salir los dientes, ya que es una forma de aliviar el dolor que sienten durante el proceso de dentición. Sí, a veces duele, y por ese motivo existen los mordedores, algo que puede ayudar al pequeño a superar esta etapa. dolor que sienten los niños en las encías por culpa de la erupción dental.

Al descubrirlo entendimos que un acto como este que es reflejo, que no se puede quitar tan fácilmente y que es un periodo que se debe pasar pero en el que podemos reducir los riesgos de este mal hábito. Tal y como hemos comentado, los gérmenes eran un tema preocupante, nos parecía que morder cualquier objeto era un método muy poco higiénico. Supongo que este era el motivo principal por el que nos preocupábamos para que dejase esa costumbre durante este último año.

En definitiva, aprendimos que hay cosas que son inevitables, pero que podemos intentar mejorar. Eso sí, esperamos que a lo largo del año que viene, este hábito haya desaparecido.

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En ocasiones los primeros molares permanentes erupcionan con la estructura alterada, lo que recibe el nombre de hipoplasia de esmalte. Esta patología se puede manifestar con falta de esmalte y un cambio en el color dental a marrón-anaranjado, algo que, lógicamente, puede alarmar a los papás. Pero, como casi todo, si se detecta a tiempo […]

En ocasiones los primeros molares permanentes erupcionan con la estructura alterada, lo que recibe el nombre de hipoplasia de esmalte. Esta patología se puede manifestar con falta de esmalte y un cambio en el color dental a marrón-anaranjado, algo que, lógicamente, puede alarmar a los papás. Pero, como casi todo, si se detecta a tiempo no tiene por qué ser grave. Hoy vamos a explicar por qué se pueden producir estos defectos en los dientes, y la importancia de que un odontopediatra realice un diagnóstico cuanto antes.

El esmalte dentario es la estructura dental dura y resistente que recubre el diente y actúa como barrera protectora ante el medio externo. La formación del esmalte es un complejo proceso muy regulado, en el que están involucrados muchos genes, y que se lleva a cabo durante un largo periodo de tiempo. Por lo tanto, los defectos en el esmalte pueden producirse como parte de un síndrome generalizado, como un defecto hereditario o incluso por causa de la influencia ambiental.

Según diversos estudios la hipoplasia del esmalte puede estar relacionada con factores muy diversos: déficits nutricionales en la infancia, infecciones severas -especialmente durante el primer año de vida-, infecciones prenatales, problemas renales, fallos en el metabolismo, ingestión excesiva de flúor y factores locales (como infecciones, traumatismos, cirugías e irradiación).

Lo que ocurre es que al alterarse la primera barrera del diente, el esmalte, las muelas que sufren esta patología son más débiles y pueden desarrollar caries con más facilidad. La debilidad del esmalte provoca que estas caries sean muy extensas y de avance rápido. Además, las muelas con amplias zonas de hipoplasia pueden ser sensibles a los estímulos térmicos y mecánicos tan pronto como erupcionan debido al rápido desgaste que se produce. Para intentar minimizar esta sensibilidad se suele acudir a la aplicación tópica de flúor que complementa el tratamiento de la hipoplasia.

Éste tratamiento de muelas que sufren hipoplasia del esmalte va a variar en función del grado de afectación. En caso de que la afectación sea leve, las muelas pueden restaurarse con resinas blancas (composites). En casos de afectación más severa es posible que haya que recurrir a recolocar coronas de cromo-níquel, algo que funcionará como restauración provisional hasta que la erupción total del diente permita realizar un tratamiento definitivo.

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Caries en el diente

La caries, como hemos contado muchas veces es la principal enfermedad de la boca. Sí, has leído bien, enfermedad. A veces nos parece que es una cosa menor pero no nos podemos olvidar de que los dientes son para toda la vida ni de que está en nuestra mano cuidarlos adecuadamente. Hoy en día, afortunadamente, lo tenemos tan fácil como acudir al dentista, pero hace siglos cualquier problema con los dientes solía acabar con un dolor muy intenso y con varios huecos en la boca, allí donde solían estar los dientes.

Estaréis de acuerdo conmigo en que es mucho mejor ahora mismo, pero aún así tenemos la obligación de cuidar nuestraboca adecuadamente. Si cortamos el pelo, nos crece. Si nos hacemos una herida, la piel se regenera. Pero ojo, si perdemos un diente permanente, no va a volver a salir

La caries puede darse en cualquier parte de la superficie dentaria pero existe un tipo concreto de caries al que hoy queremos prestar especial atención. Se trata de la caries cervical (caries del cuello del diente), que es la parte del diente que está en contacto con la encía.

Veamos; la caries se produce por bacterias, que se adhieren a los dientes y que al metabolizar los azúcares de la dieta producen ácidos, que son los que acaban con la superficie del diente. Estas bacterias se alimentan de nutrientes, les gustan sobre todo los más ricos en azúcares, y tienden a ‘esconderse’ en los sitios en los que es más difícil limpiar el diente. Es decir, se encuentran en los surcos de las muelas, en las partes más rugosas, en aquellos sitios en los que hay menos contacto con la lengua o con las mejillas, y en los huecos que tenemos en la boca. Por este motivo es tan importante, además de cepillarse bien los dientes, utilizar el hilo dental y los cepillos interdentales, para que no quede ni rastro de comida en nuestra boca y la caries no lo tenga fácil.

Uno de los sitios en los que suelen ‘acomodarse’ las bacterias es en el cuello de los dientes. Son lugares recónditos que, si no limpiamos bien, se convierten en perfectos alojamientos  para los restos de comida: es precisamente ahí donde más tiende a acumularse la placa dental, que es todo un festín para estas bacterias.

En el cuello del diente, tanto si hay cemento como dentina expuesta, estos no son tan duros como el esmalte , así que las lesiones en esta parte del diente aumentan con gran rapidez y llegan al nervio antes que en otras zonas.

¿Y cómo las evitamos? Es cierto que hay quienes tienen más propensión a este tipo de caries, y en estos casos es importante intensificar la higiene dental.  Tampoco está de más, si sabemos que las caries en el cuello del diente se nos producen más habitualmente de la cuenta, que visitemos al dentista de manera preventiva con una frecuencia mayor que la estándar (cada seis meses). Una rápida revisión puede conseguir que frenemos una caries de cuello y que no vaya a mayores, ya que puede llegar a ser muy doloroso.

¡Así que, ya sabes, extrema la limpieza y acude al dentista!

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