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Blog para compartir experiencias

Elementos boca

Volvemos al cole con muchas ganas de aprender cosas nuevas durante todo el curso. Por eso, hoy empezamos descubriendo cuáles son los elementos que forman nuestra boca y qué funciones tienen. Pero, ¿cómo?… Vamos a pensar en nuestra boca como si fuese una casa en la que viven y trabajan los dientes, que todos los días recibe la visita de los alimentos.

Los labios son la puerta de entrada a nuestra boca, que se abre y se cierra gracias al músculo principal del labio que se llama orbicular. Nuestros labios están cubiertos de piel por fuera y de mucosas por dentro. La parte de los labios que da al interior de la boca está conectada con las encías, blandas y rosadas, que cubren una parte de nuestra mandíbula.

Al abrir nuestra boca, queda a la vista el paladar en la parte superior que se divide en dos partes: duro y blando. El paladar duro está delante y separa la boca de la nariz, mientras que el blando se encuentra en la parte de atrás, formando una separación entre la boca y la garganta.

¡Atención que ya llega la comida!

Aquí entra en juego la saliva, que se compone mayoritariamente de agua (99%) y de diferentes sustancias (1%) muy importantes para la digestión, la salud bucodental y el control del crecimiento de microbios en nuestra boca. La saliva es la más trabajadora, ¡las glándulas salivales de la boca producen entre 1 y 2 litros de saliva al día!

Cuando la comida entra en nuestra boca, la primera en recibirla es la lengua, que es un órgano formado por un conjunto de músculos que se extiende desde la base de la boca. La parte de arriba de la lengua está cubierta de las papilas gustativas, que nos permiten saborear los cinco gustos básicos: salado, dulce, ácido, amargo y umami.

La boca y los dientes tienen un papel muy importante en la digestión de los alimentos que comemos.

Los dientes, que trituran la comida y la humedecen con la ayuda de la saliva, para ayudarnos a digerirla. Para trabajar mejor, nuestros dientes tienen cuatro formas y tamaños distintos, que les permiten cortar, triturar masticar bien los alimentos.

¿Cuáles son los 4 tipos de dientes?

     1. Incisivos: Sirven para cortar los alimentos.

     2. Caninos: Son más largos y afilados y se utilizan desgarrar la comida.

     3. Premolares: Su función es triturar los alimentos.

     4. Molares: Trituran o molen la comida.

Pero, ¿cuántos dientes tenemos?

En función de nuestra edad, habremos desarrollado la primera dentición (formación de los dientes) o la dentición definitiva.

Los dientes de leche: ¡Hay 20!

  • 8 incisivos temporales
  • 4 primeros molares temporales
  • 4 caninos temporales
  • 4 segundos molares temporales

Los dientes permanentes: ¡Hay 32!

  • 4 primeros molares
  • 8 nuevos incisivos
  • 8 nuevas premolares
  • 4 nuevos caninos
  • 4 segundos molares
  • 4 terceros molares

¿Sabías que? Los terceros molares o muelas del juicio son los últimos dientes en aparecer en nuestra boca e incluso puede que no lleguen a salir.

En definitiva, todos los elementos que forman nuestra boca nos permiten hablar, expresarnos, beber, chupar, morder, degustar, comer, escupir, silbar, soplar, besar, respirar… ¡nada menos!

Ahora ya lo sabemos, la boca desempeña un papel fundamental en nuestra salud y, por ello, debemos cuidarla y ¡mantenerla sana! :)!

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Niños y chupete

Los recién nacidos tienen un reflejo innato de succión que permite su alimentación y les tranquiliza. Por ello, ofrecerles el chupete al despertarse o cuando lloran hace que se relajen. Se ha demostrado que el uso del chupete es beneficioso en los primeros meses de vida, pero es importante saber cuándo deja de cumplir esta misión y empieza a producir problemas en el desarrollo craneofacial de los niños.

Estudios recientes relacionan su uso durante el sueño con disminución del riesgo de muerte súbita del lactante. Otros beneficios del chupete, bien estudiados y demostrados, están relacionados con su efecto analgésico y con el estímulo de la succión no nutritiva en niños prematuros y recién nacidos. (Lozano de la Torre MJ, y cols. Uso del chupete y lactancia materna An Pediatr (Barc). 2011; 74(4):271.e1—271.e5)

Los mayores efectos negativos relacionados con el uso del chupete los encontramos en el desarrollo craneofacial, ya que el chupete ejerce efectos perjudiciales sobre la correcta alineación de los dientes.

Cuando un niño se introduce la tetina de un chupete en la boca y lleva a cabo la succión, los dientes centrales inferiores se desvían progresivamente hacia dentro mientras que los centrales superiores tienden a separarse y a sobresalir hacia fuera. Con el tiempo y la permanencia del hábito de succión del chupete, los colmillos podrían chocar entre sí y los dientes no se cerrarán correctamente, dejando la mordida abierta. Además, las líneas superiores e inferiores pueden perder su paralelismo produciendo una desviación de la posición de la mandíbula y mordida cruzada.

Se estima que, para que las malformaciones sean apreciables, es necesario ejercer una presión más o menos constante durante seis horas diarias aproximadamente. El factor tiempo, junto con la energía que el pequeño aplique en la succión, marcarán la diferencia en este aspecto.

Estas malposiciones pueden ser pasajeras si el chupete desaparece antes de los tres años de edad. (Soxman JA. Non-nutritive sucking with a pacifier: pros and cons. Gen Dent 2007; 55(1) Jan-Feb: 59-62).

 

Unos consejos para realizar una adecuada elección y uso del chupete:

  • Para que el chupete sea seguro para nuestro hijo debe cumplir con las normas fijadas por AENOR (Asociación Española de Normalización y Certificación): debe estar hecho de material plástico, tener bordes redondeados, poseer una anilla o tirador que permita extraerlo de la boca, la tetina no puede ser superior a 3,3 cm y la base debe ser lo suficientemente grande para evitar que el niño pueda introducirse todo el chupete en la boca, con el consiguiente riesgo de asfixia.
  • Para evitar efectos adversos del uso del chupete se recomienda limitar su uso hasta el año de vida. Cuando se utiliza más allá de los doce meses de edad aumenta el riesgo de problemas dentales y de desarrollo del lenguaje, así como de accidentes.
  • Nunca se debe untar el chupete con sustancias azucaradas, ya que aumenta el riesgo de caries. Muchas caries del biberón provienen del mal uso del chupete, si se impregna en líquidos azucarados para calmar al bebé o niño antes de dormir.
  • Recuerda que también puedes transmitirle las bacterias que producen caries al bebé si chupas su chupete para “limpiarlo” antes de ponérselo.

 

Una vez que tomemos la decisión de retirarle a nuestro hijo el chupete, podemos usar algunos trucos:

  • Sea la interrupción brusca o paulatina, no se debe recurrir a castigos.
  • La estrategia de untar la tetina con sustancias de sabor desagradable (vinagre, pimienta, limón…) suele dar buen resultado.
  • Puedes inventar una historia en la que algún personaje de ficción se lleve el chupete a cambio de un regalo.
  • A veces, el chupete puede olvidarse en el lugar de vacaciones o perderse en la calle.
  • Cortar la tetina o pincharla para que la sensación de chuparla no sea placentera disuade a muchos pequeños.
  • La decisión ha de ser firme. Una vez que el niño abandone el chupete se acordará de él y volverá a pedirlo, pero hay que dejar que pase el “síndrome de abstinencia”.

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Todos los padres y madres en algún momento nos hemos hecho la siguiente pregunta: ¿Por qué mi hijo/a lo muerde todo? ¿Qué placer le encuentra a morder objetos? Yo también me la estuve haciendo cuando veía a mi hijo llevarse a la boca cualquier cosa que se encontraba por ahí. Observándole, solo podía pensar en los gérmenes que le estaban atacando y en el mal sabor que debía de tener todo aquello.

Llevábamos un año intentando que dejase ese mal hábito, pero no había manera. Lo habíamos intentado todo para que parase. Tanto su padre como yo nos manteníamos siempre alerta, y a la que veíamos que cogía algo que iba directo a la boca se lo quitábamos. Pero, por fin, descubrimos que habíamos estado cometiendo un error durante todo este año.

Los niños/as necesitan llevarse objetos a la boca, de la misma forma que hay niños tocones que no paran quietos tocando y tirando todo lo que ven. Mordisquear y chupar objetos es una etapa de su proceso vital y psicológico. A medida que se haga mayor, él mismo aprenderá cuáles son los aptos para chupar y cuáles no. Y si nosotros, los padres y madres, nos preocupamos de mantener bien limpios los objetos de su alcance, no debería producirse ningún daño causado, por ejemplo, por gérmenes,y aquellos que no podemos controlar les ayudará a crear un sistema inmunitario más fuerte, ya que inimizaremos el riesgo de contagio con algún germen.

Al ver que llevábamos un año intentado que parase y sólo conseguíamos llantos y gritos, decidimos tomar medidas para mejorar este hábito e informarnos sobre que podíamos hacer.

Lo primero que aprendimos fue que a partir de ahora los objetos de su alrededor debían ser lo suficientemente grandes como para que fuese imposible que se los tragase. No quería que mi hijo sufriese un atragantamiento, lo que, por cierto, es la principal causa de accidente infantil. Me volví muy cautelosa, y me fijaba siempre en que, por ejemplo, los juguetes que comprábamos no tuvieran piezas pequeñas que se pudieran desprender.

También teníamos que estar muy atentos con los medicamentos y productos de limpieza: si nos advierten de forma insistente que los mantengamos fuera del alcance de los niños es por la sencilla razón de que todo lo que cogen, va directo a la boca.

Al principio, los niños se llevan los objetos a la boca como un acto reflejo, y cuando crecen un poco, lo hacen como forma de explorar el entorno. Ellos mismos, con este gesto, aprenden qué es bueno y qué no, qué se puede comer y qué no. Este acto se vuelve más frecuente a medida que crecen y les empiezan a salir los dientes, ya que es una forma de aliviar el dolor que sienten durante el proceso de dentición. Sí, a veces duele, y por ese motivo existen los mordedores, algo que puede ayudar al pequeño a superar esta etapa. dolor que sienten los niños en las encías por culpa de la erupción dental.

Al descubrirlo entendimos que un acto como este que es reflejo, que no se puede quitar tan fácilmente y que es un periodo que se debe pasar pero en el que podemos reducir los riesgos de este mal hábito. Tal y como hemos comentado, los gérmenes eran un tema preocupante, nos parecía que morder cualquier objeto era un método muy poco higiénico. Supongo que este era el motivo principal por el que nos preocupábamos para que dejase esa costumbre durante este último año.

En definitiva, aprendimos que hay cosas que son inevitables, pero que podemos intentar mejorar. Eso sí, esperamos que a lo largo del año que viene, este hábito haya desaparecido.

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