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Blog para compartir experiencias

Niños y chupete

Los recién nacidos tienen un reflejo innato de succión que permite su alimentación y les tranquiliza. Por ello, ofrecerles el chupete al despertarse o cuando lloran hace que se relajen. Se ha demostrado que el uso del chupete es beneficioso en los primeros meses de vida, pero es importante saber cuándo deja de cumplir esta misión y empieza a producir problemas en el desarrollo craneofacial de los niños.

Estudios recientes relacionan su uso durante el sueño con disminución del riesgo de muerte súbita del lactante. Otros beneficios del chupete, bien estudiados y demostrados, están relacionados con su efecto analgésico y con el estímulo de la succión no nutritiva en niños prematuros y recién nacidos. (Lozano de la Torre MJ, y cols. Uso del chupete y lactancia materna An Pediatr (Barc). 2011; 74(4):271.e1—271.e5)

Los mayores efectos negativos relacionados con el uso del chupete los encontramos en el desarrollo craneofacial, ya que el chupete ejerce efectos perjudiciales sobre la correcta alineación de los dientes.

Cuando un niño se introduce la tetina de un chupete en la boca y lleva a cabo la succión, los dientes centrales inferiores se desvían progresivamente hacia dentro mientras que los centrales superiores tienden a separarse y a sobresalir hacia fuera. Con el tiempo y la permanencia del hábito de succión del chupete, los colmillos podrían chocar entre sí y los dientes no se cerrarán correctamente, dejando la mordida abierta. Además, las líneas superiores e inferiores pueden perder su paralelismo produciendo una desviación de la posición de la mandíbula y mordida cruzada.

Se estima que, para que las malformaciones sean apreciables, es necesario ejercer una presión más o menos constante durante seis horas diarias aproximadamente. El factor tiempo, junto con la energía que el pequeño aplique en la succión, marcarán la diferencia en este aspecto.

Estas malposiciones pueden ser pasajeras si el chupete desaparece antes de los tres años de edad. (Soxman JA. Non-nutritive sucking with a pacifier: pros and cons. Gen Dent 2007; 55(1) Jan-Feb: 59-62).

 

Unos consejos para realizar una adecuada elección y uso del chupete:

  • Para que el chupete sea seguro para nuestro hijo debe cumplir con las normas fijadas por AENOR (Asociación Española de Normalización y Certificación): debe estar hecho de material plástico, tener bordes redondeados, poseer una anilla o tirador que permita extraerlo de la boca, la tetina no puede ser superior a 3,3 cm y la base debe ser lo suficientemente grande para evitar que el niño pueda introducirse todo el chupete en la boca, con el consiguiente riesgo de asfixia.
  • Para evitar efectos adversos del uso del chupete se recomienda limitar su uso hasta el año de vida. Cuando se utiliza más allá de los doce meses de edad aumenta el riesgo de problemas dentales y de desarrollo del lenguaje, así como de accidentes.
  • Nunca se debe untar el chupete con sustancias azucaradas, ya que aumenta el riesgo de caries. Muchas caries del biberón provienen del mal uso del chupete, si se impregna en líquidos azucarados para calmar al bebé o niño antes de dormir.
  • Recuerda que también puedes transmitirle las bacterias que producen caries al bebé si chupas su chupete para “limpiarlo” antes de ponérselo.

 

Una vez que tomemos la decisión de retirarle a nuestro hijo el chupete, podemos usar algunos trucos:

  • Sea la interrupción brusca o paulatina, no se debe recurrir a castigos.
  • La estrategia de untar la tetina con sustancias de sabor desagradable (vinagre, pimienta, limón…) suele dar buen resultado.
  • Puedes inventar una historia en la que algún personaje de ficción se lleve el chupete a cambio de un regalo.
  • A veces, el chupete puede olvidarse en el lugar de vacaciones o perderse en la calle.
  • Cortar la tetina o pincharla para que la sensación de chuparla no sea placentera disuade a muchos pequeños.
  • La decisión ha de ser firme. Una vez que el niño abandone el chupete se acordará de él y volverá a pedirlo, pero hay que dejar que pase el “síndrome de abstinencia”.

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chupete_blog

Desde el día en que nació, mi hijo tenía la necesidad imperiosa de succionar y por lo tanto veíamos cómo se llevaba a la boca cualquier objeto. Su favorito era el dedo, que se chupaba a todas horas, lo que nos asustaba un poco por si le provocaba algún problema en la formación de sus […]

Desde el día en que nació, mi hijo tenía la necesidad imperiosa de succionar y por lo tanto veíamos cómo se llevaba a la boca cualquier objeto. Su favorito era el dedo, que se chupaba a todas horas, lo que nos asustaba un poco por si le provocaba algún problema en la formación de sus dientes. Por eso decidimos comprarle un chupete, un simpático objeto que parecía inofensivo… hasta que llegó el momento en el que lo tuvo que dejar.

No sabíamos cómo lo haríamos, ya que el niño utilizaba el chupete siempre para dormir o para calmarse. Si tenía dolor en las muelas, mordía otros objetos, que nunca eran pequeños y estaban acondicionados para ello.

Llegado el momento de quitárselo, intentamos hacerlo de golpe en lugar de racionalizarle el uso, porque pensamos que cuanto más rápido mejor y que ni se daría cuenta. Pero cometimos un error, ya que el niño sí se dio cuenta, y no paró de llorar y chillar hasta que lo tuvo de vuelta. Fue en este momento en el que nos planteamos que haber intentado quitárselo de forma rápida y brusca no era la mejor opción, y debíamos probar todo lo contrario, quitárselo de forma progresiva y suave.

Era verano y le empezamos a decir que debía abandonar el chupete, que llegaría el día en el que debería decirle adiós, porque los niños mayores ya no llevan chupete. Cuando íbamos a pasear le enseñábamos niños que veíamos que eran mayores y no traían consigo el chupete, para que así nuestro hijo viera que lo que le contábamos era verdad.

Además aprovechamos que algunos hijos de nuestros amigos habían dejado ya el chupete al ser mayores y decidimos que hablasen con nuestro hijo para que viera que es algo normal y que el chupete no es para toda la vida, sino que tenía un inicio y un fin, y este en el caso de nuestro hijo, estaba cerca. Nuestro objetivo era que se despidiera de él en navidades. Queríamos que lo entregase a los Reyes Magos así que nos inventamos que aparte de repartir juguetes entre los niños, recogían chupetes para llevárselos a aquellos niños que no tenían. Le hicimos entender que de la misma forma que él había disfrutado de ello, alguien más lo haría gracias a su gesto de bondad.

Para asegurarnos que realmente el niño lo dejara y no fuera a desistir en el último momento, decidimos que el chupete tuviese mal gusto. Fuimos a la farmacia y pedimos un producto específico y seguro para el niño, que aportara mal sabor y que le quitara las ganas de metérselo en la boca. No obstante, esta técnica no se puede usar sin la ayuda de un experto como son los farmacéuticos o un pediatras.

Nuestro hijo se sorprendió al ver cómo algo que tanto le gustaba de golpe tenía tan mal sabor. Estaba desconcertado, no entendía aquel cambio y le dijimos que esto quería decir que ya había llegado la hora de dejarlo y entregarlo a los reyes magos en beneficio de otro niño. A nosotros sí que nos sorprendió que lo entregara sin ningún problema, ya que no le gustaba el sabor que había adquirido, no obstante estuvo dos noches llorando porque lo echaba de menos.

El chupete calma la ansiedad y la tensión del bebé. Como substituto los Reyes Magos le trajeron un peluche de felpa que podía acariciar durante las noches o agarrar y tocar cuando estaba nervioso o tenía ansiedad.

Fue una buena técnica y decisión, ya que fue la forma menos traumática y dolorosa de quitarle algo que tanto le gustaba.

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Mi hijo se chupa el dedo

Que los niños se chupen el dedo cuando son bebés es algo perfectamente normal. El reflejo de succión se desarrolla ya en el feto, entre las 13 y las 16 semanas de embarazo. Seguro que muchas de vosotras habréis podido ver en las ecografías a vuestros bebés haciéndolo, algo que resulta realmente muy tierno. Este […]

Que los niños se chupen el dedo cuando son bebés es algo perfectamente normal. El reflejo de succión se desarrolla ya en el feto, entre las 13 y las 16 semanas de embarazo. Seguro que muchas de vosotras habréis podido ver en las ecografías a vuestros bebés haciéndolo, algo que resulta realmente muy tierno. Este reflejo perdura hasta que el peque cumple un año y durante este tiempo es completamente normal que utilicen el dedo cuando tienen miedo, se sienten inseguros o están incómodos. Chuparse el dedo los consuela y tranquiliza.

Si tu hijo hasta el año se chupa el dedo no tienes que hacer absolutamente nada: lo normal es que con el tiempo vaya abandonando el hábito él solito.

¿Qué puede pasar si no deja de chuparse el dedo?

Como decimos, lo normal es que el niño lo acabe dejando él solo, cuando tenga más mecanismos para enfrentarse a sus miedos. Es una pura cuestión de maduración personal.

El problema es que si se prolonga mucho en el tiempo puede interferir con la dentición. Chuparse el dedo puede hacer que se produzca una mordida abierta o anterior (en la que los incisivos superiores e inferiores no se tocan al morder y muerde solo con los molares), que no se desarrolle bien el maxilar superior y que los dientes se desplacen, los incisivos superiores hacia fuera y los inferiores hacia adentro.

Por supuesto no todas las maneras de chuparse el dedo son igual de peligrosas a efectos dentarios. Depende de la intensidad de la chupada y también de cómo empuje la lengua: cuanto más fuertes sean más atención deberemos prestarles.

¿Y qué hacemos?

Lo normal será que antes de los 3 años acabe por dejarlo él sólo. Pero si no es así debemos tener en cuenta que se consigue más con premios que con castigos: castigarlo, ponerlo en evidencia o regañarle no hará sino reforzar la inseguridad que le llevó a no abandonar el hábito.

Ayudémosle a verbalizar la inseguridad o hagámosle saber que estamos ahí para ayudarles. Si sienten que estamos a su lado no necesitarán el consuelo de chupar el dedo.

Identifica los momentos en que suele chuparse el dedo. Normalmente suelen obedecer a algún tipo de patrón: hay niños que se chupan el dedo cuando tienen sueño o hambre.

Distráele con otras actividades. Una vez que sabes cuándo le pasa y porqué le pasa trata de no llegar a esos momentos. Si ves que se chupa el dedo cuando tiene sueño, obsérvale y llévale a la cama antes de que esté agotado.

Cuenta con su colaboración. Si son mayorcitos puedes contar con ellos y explicarles porqué no deben chupar el dedo. Los niños entienden mucho más de lo que a veces los adultos suponemos y podemos pedir su colaboración. En lugar de ponerles una venda en el dedo y que lo perciban como un castigo, hablemos con ellos para buscar soluciones juntos. Con tres o cuatro años los niños están muy dispuestos a hacer cosas que perciban como un juego ¡y más si al final tiene un premio! No hace falta que sea un premio material ¡a veces con un abrazo o un achuchón es más que suficiente!

¿Habéis tenido este problema en casa? ¿Cómo lo habéis solucionado?

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