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La primavera es la estación del florecimiento. Se alargan los días, llega el buen tiempo y empiezan a subir las temperaturas. Todo está colorido y tenemos más ganas de pasar nuestro tiempo fuera, con nuestros hijos jugando y saltando.

Pero debemos tener en cuenta que la primavera nos puede afectar a nivel físico y mental. Y no sólo a los adultos, sino que a los peques también les puede condicionar. ¿Y cómo?

Los niños pueden notar que su energía ha disminuido, estando más cansados, irritables y de peor humor. Eso se debe a que los niños les cuesta dormir mucho más que en otras épocas e incluso puede ocurrir que hay algunos que se duermen antes y les cuesta más levantarse.

Se trata de un trastorno que dura pocas semanas, ya que es a modo de adaptación y con el tiempo el cuerpo se va acostumbrando y vuelve a recuperar su energía y su ritmo diario habitual.

Y esto ocurre porque la primavera es una estación especial que, después del largo frío del invierno, empieza a aparecer con días mucho más largos y soleados.

¿Y qué podemos hacer nosotros, los padres, para que este proceso de adaptación le resulte mucho más fácil?

Seguir estos consejos que os hemos preparado:

 

  • Debemos fijarles unos horarios para dormir y comer. Tener un horario fijo de sueño y de alimentación hace que su organismo esté más predispuesto al descanso y a dormir cuando llegue el momento de ir a la cama. Y lo mismo con la comida, cuando sea la hora de comer o cenar, nuestro pequeño tendrá más hambre y comerá mejor. Tenemos que mantener estos horarios fijos aunque nos parezca pronto para cenar o para ir a dormir. Si retrasamos la cena, alargaremos también la hora de acostarse y reduciremos las horas de sueño.

 

 

  • Evita que los pequeños estén muchas horas sin comer, ya que si pasan mucho tiempo sin ingerir alimentos se producen bajones de azúcar que agudizan la irritabilidad y el cansancio. Además si no le acostumbras a hacer cinco comidas al día y por el contrario sólo realizan tres y muy copiosas, sólo harás que se produzca un efecto rebote.

 

 

  • Es importante proporcionarle una dieta sana, equilibrada y variada, acorde a su edad. Lo mejor es introducir en su dieta los siguientes ingredientes:

 

Lentejas: aportan fibra, vitaminas C, A, K y del grupo B y hierro.

Quinoa: aporta fibra, ácido fólico, magnesio y fósforo. La quinoa se absorbe lentamente de manera que le otorgaremos energía lentamente.

Carne magra y pescado azul tres veces por semana. El pescado azul contiene ácido graso omega-3 que tiene funciones antiinflamatorias y la carne magra nos aporta vitamina B12, hierro y selenio necesarios para combatir el cansancio.

Frutas y verduras de temporada para reducir la sensación de pesadez y aportarle frescura, vitaminas e hidratación.

 

  • Vigila que estén siempre correctamente hidratados. Es importante prepararles su cantimplora de agua cada mañana. Los niños cuando juegan se olvidan de que tienen sed y esta falta de agua en el organismo altera su equilibrio hídrico y produce decaimiento y malestar.

 

Si seguimos estas pautas y prestamos atención a nuestro pequeño, este cambio de estación le resultará más fácil y llevadero. Y sobre todo, aprenderá de ello, ya que verá la importancia de tener unos horarios fijos y una alimentación sana y equilibrada para rebosar energía.

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