• Momentos para Sonreír

  • Momentos para Sonreír

  • Momentos para Sonreír

Blog para compartir experiencias

shutterstock_184427987

Jacobo llevaba semanas esperando la caída de su primer diente, no dejaba de mover con la punta de su lengua la paleta que había comenzado a moverse. Jacobo estaba desesperado, ¡Pérez había visitado a todos los niños de su clase menos a él! Por eso, aquella mañana, cuando dando el mordisco a una galleta notó […]

Jacobo llevaba semanas esperando la caída de su primer diente, no dejaba de mover con la punta de su lengua la paleta que había comenzado a moverse. Jacobo estaba desesperado, ¡Pérez había visitado a todos los niños de su clase menos a él! Por eso, aquella mañana, cuando dando el mordisco a una galleta notó la caída del diente, gritaba de alegría:

―¡Ya ha caído! ¡Ya ha caído! ―gritó dando tres vueltas alrededor de la mesa de la cocina y revolucionando con sus gritos y carreras a su hermana pequeña y a Akela, el cachorro de labrador que hasta hacía un instante buscaba miguitas bajo la mesa.

Los padres de Jacobo, alertados por los gritos y las carreras, entraron corriendo en la cocina temiendo el inicio de cualquier cataclismo.

 

―¿Qué ocurre? ―preguntó el papá de Jacobo con la boca llena de pasta de dientes.

―¿Qué sucede? ―quiso saber su madre mientras terminaba de abrocharse la falda.

―¡El diente! ¡Mi diente se ha caído! ―exclamó eufórico Jacobo, notando como la lengua intentaba colarse por aquel huequecillo―. ¡Por fin Pérez vendrá a visitarme!

―¡Pérez… Pérez! ―repitió su hermana pequeña dando palmas y acompañada por los ladridos de Akela, que se sumaba a la fiesta de sus hermanos humanos.

―¿Qué me traerá Pérez? ¿Meto el diente ya bajo la almohada? ¿Y si no puede colarse bajo mi almohada para cogerlo? ¿Y si se asusta porque Akela intenta olerlo? ―Jacobo encadenaba una tras otra las preguntas.

―¡Akela es bueno! ―reivindicó la pequeña Laura acariciando a su querido perro.

―Calma, Pérez no se asustará por Akela, él está acostumbrado a toparse con todo tipo de mascotas en las casas ―dijo el padre de Jacobo.

―Papá, parece que tengas la rabia ―rio Jacobo fijándose en la espuma blanca que salía de la boca de su padre, haciendo reír a su hermana y volviendo a las carreras y gritos alrededor de la mesa.

―Niños, parad ya las carreras, por favor ―pidió la madre de Jacobo, a sabiendas de que a sus hijos poco les hacía falta para montar una revolución―. Enhorabuena, cariño ―dijo acariciando la cabeza de Jacobo―, ya eres todo un hombrecito al que se le ha caído el primer diente ―comentó dejándole un beso en la cabeza.

―¡Quiero verlo! ¡Quiero verlo! ―pidió a gritos Laura, que estaba emocionada con la caída del diente de su hermano y la llegada de Pérez―. ¿Podremos esperar despiertos a Pérez? Me gustaría conocerlo.

―No ―contestó la madre―, Pérez, como todos los seres mágicos, no visita las casas hasta que todos sus habitantes duermen.

―Mira ―dijo Jacobo abriendo su mano y enseñándole su tesoro.

―¡Hala! ―exclamó Laura―. A ver…

 

Jacobo no tuvo tiempo de reaccionar, Laura le había quitado el diente de la mano y corría alrededor de la mesa con su más preciado tesoro.

―¡Dámelo! ¡Es mío! Si no hay diente no viene Pérez.

―Déjamelo un poquito ―dijo, mientras su hermano la alcanzaba haciendo que se tambaleara y que el diente se precipitara al vacío.

―¡Mi diente! ¡Eres una tonta!

―¡Jacobo! ―gritaron sus padres.

―¡Ha tirado mi diente! ―lloriqueó―. Si no tengo diente no vendrá Pérez ―casi balbuceó, porque el llanto comenzaba a aflorar en sus ojos.

―Ya lo buscamos entre todos, no pasa nada ―respondió su padre poniéndose a cuatro patas para buscar el diente.

―¡No os mováis! ―dijo la madre haciendo lo mismo.

 

Laura se había quedado paralizada, y comenzaba un silencioso llanto porque no quería que Pérez no visitara a su hermano. Akela no sabía a cuál de los dos hermanos lamerle las lágrimas. Los padres buscaban y buscaban pero el diente no aparecía, podía haber saltado a cualquier sitio.

 

El papá de Jacobo miró las patas de Akela por si lo llevaba en ellas, pero nada, en el cuenco de su comida, bajo las sillas y la mesa, pero el diente no aparecía.

 

―¡Es inútil! ¡No lo encontraremos y Pérez no vendrá!

―Ya verás que sí ―intentó consolarlo su madre.

―Todo por culpa de esta pulga enana que quiere cogerlo todo ―dijo señalando a su desconsolada hermana.

―Ha sido un accidente ―entre hipidos dijo Laura―, yo no quería tirarlo.

―Si no lo encontramos le dejaremos una nota a Pérez ―dijo su madre intentando salvar la situación.

―No, eso no vale. La abuela me contó que Pérez solo deja regalos a cambio de dientes y el diente debe de estar bajo la almohada antes de salir la luna, si no, él no sabrá que debe ir a tu casa.

 

De pronto Akela comenzó a ladrar y a mover el rabo mientras parecía olisquear algo bajo la nevera. Jacobo corrió junto a su fiel compañero de juegos.

 

―¿Lo has encontrado? ―preguntó lloroso mientras se agachaba junto al labrador para mirar bajo el pequeño hueco de la nevera y ver su pequeño tesoro―. ¡Sííí! ―gritó ya con su diente en la mano, acariciando la cabeza de su perro―. ¡Eres el mejor! ¡Pérez vendrá a casa! ―gritó, mientras se daba cuenta que Laura lloraba desconsolada en una esquina―. Lo siento, Laura, no tenía que haberme enfadado contigo.

 

Los dos hermanos se abrazaron mientras Akela intentaba chuparlos, para diversión de ellos.

 

―Creo que mejor dejo ya el diente bajo la almohada para que no vuelva a perderse.

 

Aquella noche Jacobo, Laura y Akela se acostaron bien temprano deseosos de poder ver a Pérez en su visita nocturna… Colorín colorado este cuento se ha acabado y al que no levante el culete se le quedará pegado.

 

Deja un comentario

shutterstock_387882181

Cuando un niño/a llega a los 2-3 años de vida, descubre un nuevo juego que le gusta mucho. Este juego tan fascinante parece difícil, pero no hay reto que se le resista. Seguro que ya os estáis imaginando qué juego es este; sí, es el juego de la imitación, y a lo mejor, incluso nosotros mismos podemos recordar como jugábamos a él.

A partir de los 3 años de vida, el niño/a mitifica a sus padres. Los considera omnipotentes, cree que nunca les va a pasar nada y que son capaces de conseguirle todo lo que quiera y les pida. Somos muchos los padres y madres que hacemos lo que no está escrito por cumplir los deseos de nuestros pequeños y acudir en su ayuda enseguida, por lo tanto, es normal que para ellos seamos unos superhéroes.

Esta actitud tanto en padres y madres como en los hijos/as es normal. Para ellos, al fin y al cabo, somos un modelo a seguir con el que se van a identificar cuando sean adultos. No obstante, este hecho, que nos puede parecer muy bonito, tiene un pequeño inconveniente a tener en cuenta. Si nuestro hijo/a nos imita cada gesto y acción, también imitará lo que decimos; por lo tanto, no es recomendable usar según qué palabras o expresiones delante del pequeño, ya que este las reproducirá en otro contexto que no será el adecuado y nos puede traer algún que otro problema. Teniendo claro este pequeño detalle o norma del juego, vamos a empezar a aprender a jugar imitando.

Para poder jugar, aparte de respetar la norma que hemos impuesto, hace falta muchísima paciencia. Sabemos que las ganas de reñir al niño/a porque lo hace mal son muy grandes, pero si conseguimos contenernos y ser pacientes, tendremos mucho ganado.

El momento en el que vemos que el niño quiere imitarnos es perfecto para empezar el juego. Esa actitud predispuesta del pequeño por aprender nos facilitará las cosas y nos permitirá enseñarle fácilmente actitudes útiles, como son por ejemplo los hábitos y tareas del hogar.

Si empezamos con las tareas del hogar, no consiste en que el niño/a limpie la casa, sino en que imite nuestros movimientos. Sabemos que levantará más polvo que otra cosa y que lo que se dice dejarlo limpio no lo dejará; pero aunque lo haga mal, debemos repetírselo con calma hasta que lo haga bien y, una vez lo consiga, felicitarle, pero en ningún caso reñirle o gritarle por no conseguirlo a la primera.

Mientras jugamos, debemos de tener muy presente que para el pequeño/a es un juego y tiene que ver como nosotros también nos lo pasamos bien y jugamos con él.

Si aprovechamos este momento, le podemos enseñar al niño/a a realizar sus rutinas y a ser responsable y constante.

¿Os atrevéis a jugar con vuestros hijos?

Deja un comentario

Niños y chupete

Los recién nacidos tienen un reflejo innato de succión que permite su alimentación y les tranquiliza. Por ello, ofrecerles el chupete al despertarse o cuando lloran hace que se relajen. Se ha demostrado que el uso del chupete es beneficioso en los primeros meses de vida, pero es importante saber cuándo deja de cumplir esta misión y empieza a producir problemas en el desarrollo craneofacial de los niños.

Estudios recientes relacionan su uso durante el sueño con disminución del riesgo de muerte súbita del lactante. Otros beneficios del chupete, bien estudiados y demostrados, están relacionados con su efecto analgésico y con el estímulo de la succión no nutritiva en niños prematuros y recién nacidos. (Lozano de la Torre MJ, y cols. Uso del chupete y lactancia materna An Pediatr (Barc). 2011; 74(4):271.e1—271.e5)

Los mayores efectos negativos relacionados con el uso del chupete los encontramos en el desarrollo craneofacial, ya que el chupete ejerce efectos perjudiciales sobre la correcta alineación de los dientes.

Cuando un niño se introduce la tetina de un chupete en la boca y lleva a cabo la succión, los dientes centrales inferiores se desvían progresivamente hacia dentro mientras que los centrales superiores tienden a separarse y a sobresalir hacia fuera. Con el tiempo y la permanencia del hábito de succión del chupete, los colmillos podrían chocar entre sí y los dientes no se cerrarán correctamente, dejando la mordida abierta. Además, las líneas superiores e inferiores pueden perder su paralelismo produciendo una desviación de la posición de la mandíbula y mordida cruzada.

Se estima que, para que las malformaciones sean apreciables, es necesario ejercer una presión más o menos constante durante seis horas diarias aproximadamente. El factor tiempo, junto con la energía que el pequeño aplique en la succión, marcarán la diferencia en este aspecto.

Estas malposiciones pueden ser pasajeras si el chupete desaparece antes de los tres años de edad. (Soxman JA. Non-nutritive sucking with a pacifier: pros and cons. Gen Dent 2007; 55(1) Jan-Feb: 59-62).

 

Unos consejos para realizar una adecuada elección y uso del chupete:

  • Para que el chupete sea seguro para nuestro hijo debe cumplir con las normas fijadas por AENOR (Asociación Española de Normalización y Certificación): debe estar hecho de material plástico, tener bordes redondeados, poseer una anilla o tirador que permita extraerlo de la boca, la tetina no puede ser superior a 3,3 cm y la base debe ser lo suficientemente grande para evitar que el niño pueda introducirse todo el chupete en la boca, con el consiguiente riesgo de asfixia.
  • Para evitar efectos adversos del uso del chupete se recomienda limitar su uso hasta el año de vida. Cuando se utiliza más allá de los doce meses de edad aumenta el riesgo de problemas dentales y de desarrollo del lenguaje, así como de accidentes.
  • Nunca se debe untar el chupete con sustancias azucaradas, ya que aumenta el riesgo de caries. Muchas caries del biberón provienen del mal uso del chupete, si se impregna en líquidos azucarados para calmar al bebé o niño antes de dormir.
  • Recuerda que también puedes transmitirle las bacterias que producen caries al bebé si chupas su chupete para “limpiarlo” antes de ponérselo.

 

Una vez que tomemos la decisión de retirarle a nuestro hijo el chupete, podemos usar algunos trucos:

  • Sea la interrupción brusca o paulatina, no se debe recurrir a castigos.
  • La estrategia de untar la tetina con sustancias de sabor desagradable (vinagre, pimienta, limón…) suele dar buen resultado.
  • Puedes inventar una historia en la que algún personaje de ficción se lleve el chupete a cambio de un regalo.
  • A veces, el chupete puede olvidarse en el lugar de vacaciones o perderse en la calle.
  • Cortar la tetina o pincharla para que la sensación de chuparla no sea placentera disuade a muchos pequeños.
  • La decisión ha de ser firme. Una vez que el niño abandone el chupete se acordará de él y volverá a pedirlo, pero hay que dejar que pase el “síndrome de abstinencia”.

Deja un comentario

¿Quieres ver nuestro vídeo "La primera vez"?