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Blog para compartir experiencias

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La cuestión del sueño es una de las más peliagudas cuando los niños son pequeños. El sueño es una de las necesidades básicas del ser humano y aunque cualquier padre sabe que, para su sorpresa, puede sobrevivir durmiendo mucho menos de lo que pensaba, no es menos cierto que la irritabilidad de los que acaban de tener un bebé suele ser elevada. No dormir, no descansar tanto como nos pide el cuerpo, hace que no rindamos igual y nos enfademos con mucha facilidad. Si tenéis un padre o madre con bebés pequeños cerca no le tengáis nada muy en cuenta :)

Al final, cómo durmamos es una cuestión personal de cada casa y nadie debería opinar al respecto. El bebé puede dormir en su dormitorio, a nuestro lado en una minicuna o incluso en nuestra cama. Nosotros no queremos entrar a valorar cuál es la opción correcta, porque simplemente no creemos que la haya. Cada uno decide lo que es mejor para su caso y su familia y lo que le resulta más cómodo. ¿Estáis contentos con lo que hacéis en casa? ¡Fantástico! ¡Nada más que hablar!

Hoy queremos hablar del colecho, o lo que es lo mismo, la opción de dormir con los niños. En algunos casos puede ser compartiendo colchón directamente y en otros puede realizarse acoplando una cuna o cama en el lateral. En todo caso, dormir con los niños es algo cultural (en Japón, por ejemplo, se practica de manera muy normalizada y extendida) . En 2010 en España se editó una guía avalada por el Ministerio de Sanidad para el cuidado de los recién nacidos en la que el colecho está recomendado para facilitar la lactancia materna.

¿Qué precauciones debemos tener para practicar un colecho seguro?

El colecho no se recomienda únicamente en los siguientes casos:

  • Padres fumadores y/o con deficiencias respiratorias, al menos hasta que el bebé tiene 14 semanas.
  • Nunca bajo el influjo de drogas.
  • Nunca si se han consumido grandes cantidades de alcohol.
  • Evitarlo si se tiene obesidad mórbida o dificultades de movimiento.
  • No en sofás o en el regazo.

Si estás interesada en practicarlo, te recomendamos que eches un vistazo a las recomendaciones de esta web. Entre ellas:

  • Utiliza un colchón firme (nunca colchones de agua o colchones que se hundan en exceso).
  • Si duermen en una cuna adosada, no pueden quedar huecos donde pudiera quedar encajado. Tienen que estar bien sujetos y sin espacios entre ellos.
  • Evita las habitaciones demasiado calientes o abrigar mucho al bebé.
  • Limita los elementos accesorios: no llenes la cama de cojines ni almohadas que sobran, recógete el pelo si lo llevas largo, mejor con pijamas que con camisones…

Habrá para quienes colechar sea su opción y también habrá quienes prefieran otras soluciones. En general, quienes se decantan por ello dicen que favorece la lactancia materna porque no hace falta levantarse para dar el pecho. Muchas veces el bebé se engancha solo y la madre no necesita siquiera espabilarse, lo que hace que se descanse y se duerma más. Hay para quienes, en cambio, dormir con un bebé al lado genera intranquilidad y en estos casos no pasa nada, cada uno en su sitio. ¡Es lo bueno de tener distintas opciones!

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Hoy hace un buen día para pasear por el campo. Parece que el paisaje ya está saliendo del frío invierno y el cielo se presenta azul, como si un misterioso duende hubiera descorrido las cortinas que tapaban las ventanas llenas de luz.

En los árboles han salido algunas flores que anuncian que pronto tendremos almendras y cerezas para el postre. Es la magia de la primavera que ha llegado a Pueblilla del Monte y toda la sierra de Rubiales. Así que el doctor Margarito Cifuentes, el dentista más famoso del pueblo y sus contornos, ha salido a pasear sendero arriba.

Iba sumido en sus mil pensamientos (un hombre que ha vivido tanto siempre tiene algo que recordar), cuando, de repente, descubrió a un niño sentado debajo de un olivo. Miraba al suelo y parecía triste, como si hubiera llorado, aunque también podrían ser las últimas gotas del rocío de la mañana. Se acercó muy despacio, para no asustarle, y le dijo:

-Te veo muy triste, niño, ¿es que acaso te falta cariño?

El pequeño lo miró, con los ojos tristes, y le contestó:

-¿Te acuerdas de que se me movía un diente? Pues ayer se me cayó de repente. Lo puse debajo de la almohada, por si Pérez, el Ratoncito, de pronto llegaba. Pero ha pasado la noche, ha llegado el día, y el diente sigue ahí, el ratón no lo quería.

-No te preocupes chiquillo, Pérez, el ratón, es un poco despistadillo, igual con tanta primavera se le ha ido la sesera. Inténtalo de nuevo esta noche, príncipe hermoso, que seguro te trae un regalo fabuloso.

Y así fue como el niño, alborozado y con una sonrisa de oreja a oreja, se marchó, con la esperanza de que esa noche, por fin, el Ratoncito Pérez encontrara el camino hacia su casa.

Con el corazón más contento por haber dado alegría a un triste niño, Margarito regresó a su casa. Al abrir el portón ya notó un sonido a patitas cortas y hocico puntiagudo. “No puede ser”, pensó. La sorpresa fue mayúscula cuando al abrir la alacena para coger su taza favorita para la merienda, se encontró al mismísimo Pérez asomando sus bigotes por la porcelana.

-¿Qué haces aquí ratón travieso, no ves que no me queda ni una miga de queso?

-Soy yo, Margarito, Pérez, el ratoncito.

-¡¡Bribón… ¿qué haces en mi hogar, no ves que tienes que trabajar?!!

-Ha sido la primavera, que mi cabeza altera, me quedé mirando el paisaje y se me despistó el viaje.

-Ese niño al que buscas vive en la calle Mayor y esta noche te espera con auténtico fervor. No te despistes y vete ligero, que los sueños de los niños siempre son lo primero. Pero espera, no te puedes ir sin merendar, debes tener mucha fuerza para los dientes cargar.

Y así fue como Margarito y el Ratoncito Pérez disfrutaron una deliciosa merienda hasta que llegó la noche. Con las primeras estrellas Pérez se despidió del doctor y fue hasta la almohada de aquel niño triste que, por fortuna, se despertó a la mañana siguiente con una sonrisa radiante en sus labios. El Ratoncito Pérez había encontrado el camino y el doctor Margarito tenía razón: “La esperanza es lo último que se pierde, incluso cuando pierdes un diente”.

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Viajar con niños

Cuando uno se va de viaje con niños no es exactamente lo mismo que cuando se iba con su pareja o con sus amigos. Los niños tienen un montón de necesidades y si ya de por sí éramos antes amigos del “porsiacaso” vamos a ir con más equipaje que si nos mudáramos. Como está cerca […]

Cuando uno se va de viaje con niños no es exactamente lo mismo que cuando se iba con su pareja o con sus amigos. Los niños tienen un montón de necesidades y si ya de por sí éramos antes amigos del “porsiacaso” vamos a ir con más equipaje que si nos mudáramos.

Como está cerca la Semana Santa (¡bien!) y más de uno vais a salir de viaje, os damos unos sencillos tips para que las vacaciones sean una grata experiencia y no algo que recordéis con horror.

Elige el destino con cabeza

No es lo mismo viajar con un bebé recién nacido que con niños ya más mayorcitos. Si tenemos un bebé muy chiquitín no tenemos por qué quedarnos en casa pero debemos ir a un sitio donde vayamos a estar cómodos. Podemos visitar a la familia si viven lejos, elegir un apartamento, una casa rural… Sitios donde podamos encontrar acomodo para todas las cosas que necesitaremos ¡y sobre todo con lavadora! Es preferible que ese viaje a la aventura lo dejemos para cuando sea un poco más mayor.

 

Estás viajando, no mudándote

Cuando somos primerizos todos tendemos a ir cargados como mulas porque creemos que todo hace falta. Conforme pasa el tiempo y tienes más hijos, te vuelves minimalista y vas llevando lo que realmente es indispensable. Muchas veces puedes preguntar en tu destino si cuentan con cuna de viaje, trona y otro tipo de facilidades para poder evitarte trastos innecesarios.

 

No vas a la jungla

Si has elegido el destino bien, no hace falta que te pases ocho pueblos con las cosas que llevas.

  • Si tienes lavadora, si algo se mancha ¡lávalo! No hace falta que cargues con toneladas de ropa para tu bebé. Lleva más que en el caso de un adulto, pero siempre con mesura.
  • Compra en el destino las cosas que se pueda. ¿Para qué vas a llevar un paquetón de pañales inmenso? ¿Acaso donde vas no tienen supermercados? Lleva unos pocos y compra en el destino.
  • Puedes relajar un poco las costumbres de casa. Hombre, si se mancha un poco en casa correrías a cambiarlo, pero de vacaciones podemos tener más manga ancha.

 

Adáptate al medio de transporte que vayas a utilizar

No es lo mismo viajar en coche que hacerlo en autobús, tren o avión. Si viajas en coche puedes permitirte más excesos por eso de que cuentas con más sitio (aún así, ¡sensatez!), pero si viajas en cualquier otro medio de transporte deberás tener más mesura obligatoriamente.

Si vas a viajar en tren avisa de que vas a necesitar ayuda: aunque vayamos con el equipaje que permite la compañía, si vamos solos o con varios niños posiblemente necesitaremos a alguien que nos eche un cable. Puedes avisarlo al comprar el billete.

Si vas a ir en avión valora si necesitas facturar o no. Asegúrate de cuáles son las políticas de la compañía aérea respecto a las sillas de seguridad o los carritos para ver cómo hacerlo. Si facturas no está de más que subáis a cabina una maletita pequeña con lo básico por si acaso os pierden la maleta (que no seríais ni los primeros ni los últimos). Unos pijamas, la muda para el día siguiente y nuestro neceser de viaje (en estos casos vienen especialmente bien los que tenemos en PHB, porque la pasta dentífrica tiene un tamaño aceptable para los aviones) nos pueden salvar de un compromiso.

 

Piensa en el viaje en sí

A los niños les resulta a veces muy aburrido el viaje. Si vais en coche, acuérdate de preparar música, de coger juguetes o algo para que se entretengan, algo de comida… al final se trata de que tengamos distracciones y podamos ir cambiando de actividad con ellos para que el viaje se haga más llevadero.

 

Y sobre todo, ¡acuérdate de disfrutar del viaje!

 

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