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Blog para compartir experiencias

Ayudando en casa

¿De qué sirve que en clase los peques recojan sus cosas al ritmo de la célebre canción: a recoger, a ordenar, cada cosa en su lugar, si luego en casa los papis lo hacemos todo por ellos? Hay que ser coherentes en la educación y, recordar que la educación es cosa de la familia y […]

¿De qué sirve que en clase los peques recojan sus cosas al ritmo de la célebre canción: a recoger, a ordenar, cada cosa en su lugar, si luego en casa los papis lo hacemos todo por ellos? Hay que ser coherentes en la educación y, recordar que la educación es cosa de la familia y no de los docentes.

Al piojo desde bien pequeño le gusta ayudar con las tareas de la casa, él te ve con el trapo del polvo en la mano y quiere participar, así que a pesar de gastar el doble de producto, él es el encargado de su aplicación en los muebles y, muchas veces pasa también el trapo. Otra cosa que le vuelve loco es barrer, así que le dejamos hacerlo en nuestra compañía.

En ningún momento se nos ha ocurrido decirle que lo hace mal. procuramos poco a poco ir enseñándole a hacerlo mejor pero en ningún momento le negamos su participación, no vaya a ser que a los quince años nos recuerde que de peque no le dejábamos participar…

El piojo, al igual que cualquier otro niño, por medio del juego aprende a realizar ese tipo de tareas domésticas, y también a responsabilizarse de otras como:

  • Recoger sus juguetes (él los desperdiga por toda la casa, él los recoge). Tardará más que si lo hacemos nosotros, pero lo hace.
  • Ayudar a poner y recoger la mesa, bajo vigilancia y con cuidado, pero lo hace, y sabe perfectamente dónde se coloca cada uno de los cubiertos.
  • Ayudar en la cocina, al piojo le encanta ponerse el delantal y el gorro de cocinero y hacer labores de pinche.
  • Ayudar con su colega canino: participar en el cepillado, ponerle de comer, incluso se mete en la bañera y ayuda en el baño, ¡eso le encanta!
  • Dejar colocadas la mochila y la chaqueta en su sitio.
  • Zapatos y ropa en su habitación y no en medio del salón.

Otra tarea que les puedes encomendar a los peques es hacer su cama, el piojo no lo hace porque es muy alta para él, pero otros niños si pueden hacerlo si su cama es accesible.

Los peques han de ir adquiriendo responsabilidades poco a poco, cosas sencillas del día a día, que los ayude a entender que todos hemos de participar en las tareas de casa. Atrás queda esa imagen de ser la madre la encargada de cocinar, limpiar, comprar, recoger… Hay que borrar la típica frase de: mi marido me ayuda.

En casa, mi marido no me ayuda, él hace unas cosas y yo otras, o colaboramos los dos. Al piojo no se le ocurre decir que hacer de comer es cosa de mamá, porque nos ha visto a los dos en la cocina, es más, ve más a su padre que a mí entre calderos.

Así que ármate de paciencia, porque a veces nos desespera su ritmo, y tranquilidad, pero al final su trabajo te arrancará una sonrisa.

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sellar-los-dientes

Un hecho importante en el desarrollo bucofacial de nuestros hijos es la erupción de los primeros molares permanentes, también conocidos como “las muelas de los 6 años”. Estas muelas aparecen en la región posterior de la arcada dentaria, detrás del último molar temporal presente en la boca. Con la erupción de estas muelas se establece […]

Un hecho importante en el desarrollo bucofacial de nuestros hijos es la erupción de los primeros molares permanentes, también conocidos como “las muelas de los 6 años”. Estas muelas aparecen en la región posterior de la arcada dentaria, detrás del último molar temporal presente en la boca. Con la erupción de estas muelas se establece un contacto que va a guiar el resto de su desarrollo bucofacial.

La erupción de “las muelas de los 6 años” no va precedida de la caída de ningún diente de leche por lo que, en muchos casos, puede pasar desapercibida para los niños y los papás. Además, su posición en la zona posterior de la boca dificulta su correcto cepillado haciendo que exista un gran riesgo de presentar caries en los primeros años.

Una de las medidas preventivas que podemos aplicar a estas muelas es la colocación de selladores. Pero, ¿qué son los selladores y para qué se colocan?

Como podréis observar, tanto en vuestras muelas como en las de vuestros hijos, la zona superior presenta pequeños surcos y fosas. Estas zonas retienen con mayor facilidad y durante más tiempo los restos de alimentos y dificultan el cepillado, impidiendo que estos restos se eliminen por completo. Además, cuando erupcionan, las muelas definitivas aún no han finalizado su proceso de mineralización, por lo que son más vulnerables a los ataques ácidos provocados por las bacterias, y facilitando el inicio del proceso de caries.

Colocar un sellador en una muela definitiva es una medida preventiva efectiva que consiste en la colocación de una fina capa de resina que protege de manera mecánica estas zonas más susceptibles de presentar caries. Cuidado, no en todos los niños se puede aplicar ni todas las muelas se pueden sellar. Las muelas tienen que estar sanas en el momento de colocar el sellador, si no es así, la colocación del sellador podría ser perjudicial para la muela. Debe ser el odontopediatra el que evalúe la necesidad y el momento de colocar o no los selladores dentro del programa preventivo individual que se establece en las revisiones de cada niño.

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Margarito Cifuentes, el mejor para tus dientes

Margarito Cifuentes era el doctor más famoso de Pueblilla del Monte, un bonito pueblo situado en la Sierra de Rubiales. Aunque a Margarito le encantaba su nombre, todos le conocían como Dracuden, un nombre más apropiado para alguien que acababa de cumplir mil doscientos años, tenía las orejas puntiagudas y lucía unos relucientes y muy […]

Margarito Cifuentes era el doctor más famoso de Pueblilla del Monte, un bonito pueblo situado en la Sierra de Rubiales. Aunque a Margarito le encantaba su nombre, todos le conocían como Dracuden, un nombre más apropiado para alguien que acababa de cumplir mil doscientos años, tenía las orejas puntiagudas y lucía unos relucientes y muy blancos colmillos. Y es que Margarito, antes de ser doctor, era vampiro.

Tanto le gustaban sus dientes que un buen día decidió colgar la capa negra, la misma que le regaló su bisabuelo el conde Drácula, para comprarse una bata blanca de médico. Entonces dejó de chupar sangre, tiró el ataúd para comprarse una cama y se fue a la Universidad. Por fin había encontrado su vocación, nada mejor que dedicarse a lo que más le gustaba: pulir, abrillantar y cuidar sus dientes.

Es así como, tras años de estudios en la Facultad de Odontología, se convirtió en dentista. El mejor dentista de la historia (especialmente porque ningún otro tenía tantos años como él). Y pensó que si se le daba tan bien cuidar de sus dientes, ¿por qué no hacerlo para los demás? Entusiasmado, decidió montar una clínica: “Margarito Cifuentes, el mejor para tus dientes”.

Después de muchos días de espera, algún que otro susto y mucha paciencia, Margarito consiguió convencer a sus vecinos de lo importante que era cuidarse los dientes. Tanto, que su consulta empezó a llenarse de personas de lo más variopintas.

-La muela me duele señor Doctor, ¿o será el cepillo que me da pavor?

-Este diente se me mueve, parece que va a caer, ¿es por no limpiarme bien?

-¡Qué tristeza, qué alboroto!… ¿tengo otro diente roto?

-Doctor, doctor, tengo ganas de llorar…¡me duele mucho al masticar!

Pero Margarito tenía soluciones para todos. Por eso se convirtió en el dentista más famoso de la historia, el único capaz de que sus pacientes, además de valientes, se limpiaran bien los dientes. (Porque no sé si os habéis dado cuenta que en Pueblilla del Monte, en la Sierra de Rubiales, todos sus habitantes hablan en verso.)

Ya os iremos contando las mil y una aventuras que suceden en la consulta de este vampiro que decidió abandonar su destino para convertirse en un dentista de lo más fino.

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