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La llegada del otoño tiñe los árboles de naranjas, ocres y marrones, que se apoderan de nuestros días, igual que las hojas de los árboles se apoderan de las aceras y parques, e igual que los pelos de nuestras mascotas se apoderan de toda la casa. Además de todo esto, la llegada del otoño trae […]

La llegada del otoño tiñe los árboles de naranjas, ocres y marrones, que se apoderan de nuestros días, igual que las hojas de los árboles se apoderan de las aceras y parques, e igual que los pelos de nuestras mascotas se apoderan de toda la casa. Además de todo esto, la llegada del otoño trae consigo una locura de bajadas y subidas de temperaturas, que nos obliga a salir de casa como si fuéramos auténticas cebollas y a ir desprendiéndonos de capas según pasan las horas de la mañana.

Justo la cebolla es uno de esos remedios de la abuela a los que yo le declaro mi fe ciega. Juro que cuando mi piojo comenzó en la guardería con tos persistente, y me dijeron “ponle media cebolla en la habitación cuando se vaya a dormir” me reí. No creía que fuera efectiva, pero aburrida de tanta tos terminé por probar y… ¡funcionó! Sí, oler huele a mil rayos, bueno, tampoco exageremos, huele a cebolla… pero calma la tos irritativa de los niños (de los adultos también) por los vapores que suelta. Ah, y si la tos viene acompañada de congestión prueba a ponerla en un platito con unas gotitas de agua y una cucharada de azúcar sobre la cebolla y verás cómo los ayuda a pasar la noche. En casa nos ha funcionado al 100%.

Otro remedio que usamos mucho en casa cuando el otoño se ‘ceba’ con nosotros, (de hecho, más que remedio es algo ya habitual en la dieta del piojo) es la miel. Al pequeño la leche no se la endulzamos con azúcar sino con una cucharadita de miel, lo cual en caso de catarro ayuda para mejorar las gargantas irritadas. La miel es aún más efectiva si le damos ½ cucharadita de miel (para niños de 2 a 5 años) como si de un jarabe contra la tos se tratara. Ah, eso sí, recuerda que los menores de 12 meses no deben tomar miel, para ellos es mejor probar con líquidos calientes que pueden ir desde el agua hasta el zumo de manzana.

¿Y quién no termina con las narices irritadas de tanto sonarse? Un buen remedio natural es aplicar vaselina, solución salina o crema de caléndula en la nariz irritada, verás cómo mejoran los picores y el escozor.

Ah, y no te olvides de uno de nuestros refranes, ese que dice: el sueño es la mejor de las medicinas. Obvio, el sueño no te va a curar pero si va a ayudar a sentirte mejor. Ahora, llénate de paciencia, viste a los peques con ropas de las que puedan desprenderse con los cambios de temperatura y disfruta del otoño.

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Años después de haber cambiado los dientes de leche por los definitivos, entre los 18 y los 26 años, erupcionan en la boca los terceros molares o cordales, conocidos popularmente como muelas del juicio (el nombre hace referencia a la edad a la que aparecen, que es cuando uno empieza a tener algo de juicio). […]

Años después de haber cambiado los dientes de leche por los definitivos, entre los 18 y los 26 años, erupcionan en la boca los terceros molares o cordales, conocidos popularmente como muelas del juicio (el nombre hace referencia a la edad a la que aparecen, que es cuando uno empieza a tener algo de juicio). A muchas personas les salen más tarde e incluso hay muchos casos en los que nunca llegan a erupcionar. A pesar de ello, este tercer molar puede ocasionar problemas a un elevado número de adultos en España.

Aunque parezca mentira, por una vez (y sin que sirva de precedente) la higiene es la responsable de que las muelas del juicio se hayan convertido en un incordio. Antiguamente, aunque no hace más de tres o cuatro décadas, apenas requerían tratamiento, simplemente a algunas personas les salían y a otras no, y a la mayoría no le daban ningún tipo de problema. Entonces no se cuidaba tanto la higiene bucal y no se acudía a la consulta del odontólogo de forma preventiva, muchas veces se iba ya cuando un diente dañado no tenía solución. Hace décadas era frecuente perder algún diente, de forma que cuando llegaba la muela del juicio, ocupaba el espacio que había dejado el diente o la muela perdida, desplazando muchas veces a otros dientes y muelas.

Por eso, actualmente uno de los principales problemas de los terceros molares es que nuestra mandíbula no suele tener espacio para ellos.

Sin embargo, hoy en día nos cuidamos mucho la boca, estamos más informados, nos cepillamos los dientes después de cada comida, utilizamos enjuagues bucales e hilos dentales y, sobre todo, visitamos al dentista regularmente. En consecuencia, conseguimos mantener nuestros dientes y muelas sanos y en su lugar. Cuando la muela del juicio trata de abrirse paso, no siempre encuentra sitio, lo que provoca que nos duela. En ocasiones, si consigue salir, puede desplazar a los dientes vecinos.

En ocasiones la muela del juicio no tiene espacio o no tiene una dirección de salida adecuada, por lo que no es posible la erupción, y si sale podría causar daño a las muelas vecinas. Si tenemos todos los dientes y las muelas del juicio consiguen emerger correctamente, será muy difícil mantenerla sana, puesto que la limpieza en una zona tan profunda de la boca es muy complicada. Por otro lado, esta muela está rodeada de tejidos blandos, que podrían cubrirla convirtiéndola en el lugar perfecto para la acumulación de bacterias y restos de alimentos.

Por todos estos motivos, actualmente son muy pocos los adultos que conservan las muelas del juicio. El odontólogo es quien debe evaluar el desarrollo y erupción de los terceros molares y aconsejará su extracción si es necesario para conservar el resto de dientes en buen estado, a veces incluso antes de que erupcionen.

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Cuando yo era pequeña la mayor parte de los niños comían al mediodía en sus casas. Yo también. Recuerdo que me moría de envidia con las que se quedaban en el cole, por más que dijeran que la comida del comedor era malísima ¡porque ellas tenían más recreo! Yo la envidiaba a ellas, y ellas […]

Cuando yo era pequeña la mayor parte de los niños comían al mediodía en sus casas. Yo también. Recuerdo que me moría de envidia con las que se quedaban en el cole, por más que dijeran que la comida del comedor era malísima ¡porque ellas tenían más recreo! Yo la envidiaba a ellas, y ellas a mí.

Ahora las tornas han cambiado. En el colegio de mis hijas lo raro es irse a comer a casa. La mayoría de los niños se quedan a comer ahí y he de decir que sorprendentemente el comedor sigue oliendo exactamente igual que veinticinco años atrás. Pero mis hijas no tienen ningún interés en quedarse a comer ahí. Chicas listas: la comida que les hace mi madre todos los días no tiene precio ¡cocina espectacularmente!

En mis años escolares no había tanta preocupación por la higiene como hay ahora. Sí que recuerdo que las compañeras que llevaban aparato dental eran especialmente cuidadosas con el lavado de los dientes, pero en general era todo bastante más laxo. Con los años sí que he observado que la preocupación es mayor, de lo cual me alegro mucho. En el colegio de mis hijas, que es el mismo donde yo estudié, hicieron obras y en la entrada al comedor hay unas grandes pilas para que todos los niños se laven las manos conforme entran. También hay unos baños justo a la entrada para que puedan lavarse también los dientes apenas terminen, justo antes de salir a jugar.

Es importante que los colegios se conciencien: al fin y al cabo la labor educativa es algo que va mucho más allá de enseñarles a sumar, restar, a que “delante de b va m y no n”, a la fecha de la toma de la Bastilla… No se trata de que a los niños nos los eduquen (las mías al menos intento que vayan educadas de casa) sino que trabajemos codo con codo para reforzar las acciones positivas.

Lo más sencillo es que los niños lleven un neceser chiquitín (los hay monísimos, como los de PHB) con un cepillo de viaje y pasta de dientes para que cuando terminen de comer se puedan lavar los dientes de manera cómoda. Luego eso se guarda ¡y hasta el día siguiente!

Ya que no estamos los padres para supervisar la labor (y comprendemos que tampoco pueden estar continuamente pendientes de ello) lo que sí que estaría bien es que los monitores del comedor les recordaran que es importante lavarse los dientes. Ya si les pudiesen acompañar sería maravilloso, pero hay que ser realistas con las expectativas…

Este kit dental, por cierto, convendría sustituirlo cada 6 meses (teniendo en cuenta que se usará una vez al día, ya que lo normal es sustituir los cepillos cada tres meses).

¿Cómo lo hacen en el colegio de vuestros hijos? ¿Tienen los niños facilidades para lavarse los dientes al terminar de comer?

 

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