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Blog para compartir experiencias

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Cuando llega el verano llega la eterna pregunta ¿dejo a los niños asilvestrados o por el contrario hago esfuerzos para que no se les olvide lo aprendido durante el año? Difícil decisión… Hagamos lo que hagamos, hay algo que no se toma vacaciones y es la higiene bucal. Si durante el resto del año es […]

Cuando llega el verano llega la eterna pregunta ¿dejo a los niños asilvestrados o por el contrario hago esfuerzos para que no se les olvide lo aprendido durante el año? Difícil decisión… Hagamos lo que hagamos, hay algo que no se toma vacaciones y es la higiene bucal. Si durante el resto del año es algo que no podemos dejar de lado, cuando llega el verano menos aún. Pensad que es una época del año en la que ‘castigamos’ más todavía si cabe a nuestra boca: el frío y el ácido de los granizados, los azúcares de los helados que nos tomamos para refrescarnos, las comidas entre horas… Un montón de agresiones que pueden hacer que lleguemos al final del verano con una sorpresa en forma de caries que no esperábamos.

No tenemos que pecar de exagerados, pero tampoco relajarnos en exceso. Lo mejor es grabar a fuego en la mente de los niños las rutinas de lavado y cepillado de los dientes porque nos vamos a encontrar con que van a estar con otros niños y en ocasiones también estarán solos ¡así que vamos a tener que confiar en haberlo hecho bien para que sin tener que estar nosotros encima hagan lo que tienen que hacer!

Es especialmente interesante acostumbrarnos a llevar encima un neceser portátil con un cepillo de viaje con dentífrico. PHB tiene uno estupendo para los niños y prácticamente no abulta nada. Durante el curso podemos utilizarlo si se quedan a almorzar en el comedor del cole y en vacaciones ¡al bolso! No ocupa nada, cuenta con todo lo necesario para que la higiene bucal de los niños esté en perfecto estado de revista siempre.

También es interesante hacernos con algún cepillo ‘por si acaso’. Yo suelo coger los de los hoteles para tenerlos en casa para emergencias. A veces puede venir alguna amiguita de mis hijas a casa y puede que no tenga cepillo. Para esos casos vienen estupendamente.

De hecho, cuando hay más niños en casa, el cepillado se convierte en un juego, o una carrera. A los niños les divierte hacer con sus amigos cosas tan cotidianas e íntimas como lavarse los dientes e irse a la cama, cuando, por lo general, los adultos preferimos compartir eso sólo con nuestra familia.

En vacaciones es posible que tengamos amigos o primos de nuestro hijos en casa, y con la misma atención que ponemos en la salud bucal de nuestros niños, debemos cuidar la suya. Poner a toda la tropa frente al espejo y, como si de un director de orquesta se tratase, ‘dirigir’ su cepillado.

¿Cómo os las apañáis cuando tenéis invitados en casa? ¿Confiáis en que vuestros hijos se lavarán los dientes estéis o no presentes?

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Recuerdo una historia que me contó mi abuelo cuando era pequeña. Estábamos con mis primos en la casa de la montaña cuando el abuelo nos contó una historia que no pude olvidar. Nos dijo que existían unos pequeños seres que tentaban a los niños y les hacían daño. Nos contó que estos seres se camuflaban […]

Recuerdo una historia que me contó mi abuelo cuando era pequeña. Estábamos con mis primos en la casa de la montaña cuando el abuelo nos contó una historia que no pude olvidar. Nos dijo que existían unos pequeños seres que tentaban a los niños y les hacían daño. Nos contó que estos seres se camuflaban para poder confundirnos y así poder entrar en nuestro cuerpo.

Solían ser muy pequeños pero muy vistosos, vestían ropas de distintos colores que además brillaban. Estos vestidos se convertían en una atracción para los ojos. Cuando se juntaban, quedabas cautivado por ellos y querías tocarlos, poder tenerlos en tus manos. Además desprendían un olor muy especial, era el olor más dulce de la tierra, si pasabas por su lado y no los veías, ellos ya se encargaban de que los olieras. Su irresistible fragancia invade los orificios nasales, te cautivan y debes buscarlos, quieres ver de dónde viene ese olor tan agradable que tanto te gusta.

Estos pequeños seres procedían de un mundo de dulzura y color que los niños querían conocer, y para poder hacerlo, lo que debían hacer era comerse estos seres.

El abuelo nos contó lo que le ocurrió a un niño que cayó en la tentación y se dejó conquistar por ellos: el niño iba andando por la calle cuando los vio, todos muy bien puestos tentándolo desde detrás de un cristal. El niño entró, cogió uno y se lo comió. Estaba riquísimo, tenía un sabor muy dulce que era una delicia para el paladar. El niño se fue a su casa bien contento. A la mañana siguiente no podía parar de pensar en aquello que había comido el día anterior y quería otro, así que fue a la tienda donde estaban y esta vez compró una bolsita con unos cuantos. Al poco tiempo, se dio cuenta de que no solo estaban en las tiendas, sino que también se encontraban en los armarios de distintas casas, acudían como un invitado más en las fiestas de cumpleaños, habitaban en los bolsillos de sus compañeros de clase, etc. Y a medida que le fueron conquistando, él se iba encontrando peor.

¿Qué le estaba pasando? Decidió investigar qué era lo que realmente esos pequeños seres le hacían a su cuerpo. Descubrió que si comía uno de vez en cuando no pasaba nada, pero si comía más y a menudo, entonces perdía el apetito. Al perder el apetito no tenía hambre a la hora de comer y su madre se enfadaba porque le había preparado una gran comida con mucho esfuerzo y cariño. Además, desde bien pequeño siempre le enseñaron que la comida no se tira. Le dolía algún diente y, tal y cómo pudo comprobar, las bacterias de la boca habían usado a estos seres para atacar a los dientes y ahora estos tenían caries, unas pequeñas heridas que le dolían. Además, debía visitar al dentista, algo que no le gustaba aunque el dentista era muy bueno con él y lo trataba muy bien.

Estos seres son las golosinas. Existen desde tiempos antiguos y han tentado a muchísimos niños. El niño de la historia era mi abuelo, por lo tanto, no se lo inventó sino que era real. Esto le puede pasar a cualquier niño y se debe vigilar: una no hace daño, muchas sí. Pero los niños y niñas somos fuertes y no nos dejamos tentar tan fácilmente porque nuestros padres nos ayudan a que controlemos esta tentación hacia lo dulce y azucarado.

Esta historia se la contaré a mis hijos, igual que mis primos harán con los suyos, para que puedan conservar los dientes y tengan una sonrisa muy bonita, porque lo más bonito de una cara es su sonrisa.

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Esta que les escribe ha dejado de comer, ejem… masticar chicles porque rara era la vez que teniendo uno en la boca no terminaba mordiéndome y, dicha mordida se convertía en una molesta herida. Las heridas en la boca no aparecen únicamente en las bocas de las torpes masticadoras de chicle como yo, jeje… No, […]

Esta que les escribe ha dejado de comer, ejem… masticar chicles porque rara era la vez que teniendo uno en la boca no terminaba mordiéndome y, dicha mordida se convertía en una molesta herida. Las heridas en la boca no aparecen únicamente en las bocas de las torpes masticadoras de chicle como yo, jeje… No, las aftas pueden aparecer por estrés, sistema inmunológico débil, problemas nutricionales, enfermedades gastrointestinales e, incluso, por usar ortodoncia.

Las heridas bucales, popularmente conocidas como llagas, son molestas y pueden tardar en desaparecer entre 7 y 15 días. Son pequeñas pero molestas, y al anidar en la húmeda cavidad bucal, tardan en curarse, sobretodo, para quienes, como yo, nos las mordemos cada dos por tres..

 

¿Cómo podemos combatirlas? Aquí te dejo algunos truquitos naturales para luchar contra ellas, no a capa y espada sino con:

  • Agua tibia y una cucharadita de sal o agua tibia y bicarbonato: la sal es uno de los remedios más naturales y baratos. Si vas a usar este remedio has de enjuagarte la boca tres veces al día, haciendo especial hincapié en la dolorosa llaga.  Si en vez de la sal usas bicarbonato, el método es el mismo.

 

  • Dar aplicaciones con un algodón empapado en agua oxigenada: aplicar directamente sobre el afta unas tres veces al día. No solo te calmará las molestias, también prevendrá de posibles infecciones.

 

  • Aplicar hielo sobre el afta, calma el dolor y la inflamación. Esto lo podemos hacer todas las veces que sea necesario a lo largo del día. No cura pero alivia.

 

  • Enjuague bucal con antiséptico: este no es un remedio natural pero calmará las molestias en la boca y ayudará a evitar posibles infecciones, sin embargo, si es un enjuague muy fuerte no coloques demasiado, porque puedes sentir cierto ardor. Cierto que no hay madre que no haya dicho aquello de “lo que pica cura”.

 

No nos olvidemos de mantener una correcta limpieza bucal y, sobre todo, del uso de enjuagues bucales, que ayudan a controlar la formación de bacterias que provocan la aparición de las odiosas llagas. Por cierto, tomar un yogur al día también puede ayudarnos mucho.

Hemos de tener en cuenta que las aftas aparecen habitualmente, a no ser que te hayas mordido o hecho daño con alguna comida o utensilio, Principalmente como síntoma de estrés, bajada de defensas, y falta de minerales y/o vitaminas.

¿Qué queremos decir con esto? Simple, si sueles padecerlas deberías cuidar tu alimentación y visitar al médico de cabecera para que averigüe el porqué, ya que podría tratarse de un virus o un trastorno intestinal.

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