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Blog para compartir experiencias

manchas_en_los_dientes

Ya sabemos lo importante que es el cuidado de los dientes de nuestros niños. Conseguir que se cepillen al menos dos veces al día no siempre es una tarea fácil, pero con imaginación y paciencia conseguiremos instaurar la rutina. Aunque nuestro peque se haya hecho ya responsable de su boca, tendremos que seguir pendientes, revisando […]

Ya sabemos lo importante que es el cuidado de los dientes de nuestros niños. Conseguir que se cepillen al menos dos veces al día no siempre es una tarea fácil, pero con imaginación y paciencia conseguiremos instaurar la rutina. Aunque nuestro peque se haya hecho ya responsable de su boca, tendremos que seguir pendientes, revisando de vez en cuando que se cepilla correctamente y durante el tiempo necesario. No debemos olvidar las visitas programadas al dentista, y entre ellas también es recomendable mirarle de vez en cuando por si vemos alguna caries o mancha.

 

Las manchas en los dientes son frecuentes incluso en los dientes de leche y pueden ser motivadas por muchas causas. Si descubres una en los dientes de tu hijo lo primero asegúrate de lavarle bien, hay sustancias pegajosas difíciles de eliminar y no serías el primero en asustarse al confundir un trocito de galleta de las negras con una caries. También hay bebidas que pueden dejar manchas temporales, intenta recordar si puede haber tomado algo en los últimos días. A veces las manchas resultan ser definitivas, en ese caso debes ir al odontopediatra, que sabrá decirte si hay o no  motivo de preocupación.

 

La mancha más temida es la provocada por la caries. Al principio es una decoloración blanca, una descalcificación llamada caries blanca o de leche, que corresponde con una fase inicial. La caries está destruyendo el esmalte y si no se hace algo para evitarlo puede llegar a la dentina. Una vez que ha profundizado la mancha se verá oscura, generalmente negra. En cualquiera de sus fases es un motivo para llevar al niño lo antes posible al dentista.

 

El exceso de flúor durenate el periodo de formación de los dientes también puede decolorar los dientes provocando fluorosis dental, manchas que varían entre puntitos blancos y zonas amarillentas. Se produce cuando el niño ingiere demasiado  flúor, bien porque la pasta dental no es la adecuada o bien porque su dieta contiene demasiados fluoruros. Se debe acudir al odontopediatra en cuanto veamos estas manchas para evitar que el daño en el esmalte sea más importante y para proteger las piezas dentales que aún están por salir.

 

Los dientes de los niños pueden tener manchas oscuras y negras por algunos medicamentos o algunas bacterias. Lo mejor es que lo valore el dentista y determine si es oportuna una limpieza profesional. Lo mismo ocurre con el sarro, que suele manchar la zona interior de los dientes, y debe ser el especialista quien valore si procede hacer una limpieza en consulta al niño. En muchos casos no tiene que ver con la falta de higiene sino con una predisposición a acumular placa.

 

Cuando veamos que un diente de nuestro hijo cambia de color también deberemos consultar con el odontólogo. Puede haber sufrido un golpe y que haya sido más importante para el diente de lo que parecía en un principio. El tratamiento variará desde el mero seguimiento a la extracción de la pieza, en caso de dientes permanentes, el proceso necesario para conservarlo.

 

Personalmente prefiero llevar a los niños al dentista ante cualquier pequeña mancha aunque no parezca nada serio, para salir de dudas. Una buena higiene y las consultas regulares son las mejores armas para cuidar las preciadas piezas dentales de nuestros pequeñines.

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consejos_comer_de_todo

Hasta los dos años y medio fui de esas madres afortunadas cuyos bebés han pasado de la lactancia materna a la mixta, que han dado el salto a la cuchara, y han visto a sus bebés disfrutar con papillas, purés y todos aquellos alimentos que se iban incorporando a su alimentación. Ni una sola cara […]

Hasta los dos años y medio fui de esas madres afortunadas cuyos bebés han pasado de la lactancia materna a la mixta, que han dado el salto a la cuchara, y han visto a sus bebés disfrutar con papillas, purés y todos aquellos alimentos que se iban incorporando a su alimentación. Ni una sola cara de asco, ni un solo intento de tirar la comida. Sí, mi piojo podría despertarse dos y tres veces de madrugada, pero era un gran comedor.

De pronto comenzó a dormir toda la noche del tirón, aún hoy alguna noche se despierta pidiendo agua o soñando, pero normalmente duerme a pierna suelta. Sin embargo, con la llegada del descanso nocturno, hubo un cambio… ¿qué ocurrió? Llegaron los problemas con la comida, empezaron las pegas a determinados colores, texturas o peor aún empezó a sentir pena por comer “animales”.

Sí, hablo en serio, el piojo ni siquiera probaba el plato, se negaba a hacerlo por su color. De repente sólo le gustaba el puré de color taronja y ¿qué hicimos?

¡Trampas!

¿Quería naranja? ¡Naranja le dimos! Los alimentos de color naranja se multiplicaron en sus cremas, la zanahoria  y la calabaza ganaron presencia en sus purés. ¿No le gustaba el color taronja?, pues, él comía y come de todas las verduras habidas y por haber, pero añadiéndole una buena dosis de color.

El pescado, sin embargo, es más complicado de enmascarar, nada de pescado con forma de pescado. “Mamá, no me puedo comer a Nemo y sus amigos”.

Así que él no come pescado sino merluza, lenguado (hecho filetes o en tiritas finas) y demás animales marinos. Merluza sí, pescado no… je je je… Lo curioso es que sabe que es pescado porque en la pescadería más de una vez le hemos dicho los nombres de cada uno, pero si funcionan estas pequeñas trampas…

Y así seguimos con las trampas, si no se podía comer a Nemo, tampoco podía comerse a Peppa Pig y a todos sus amigos animales.

¡Señores dibujantes, no creen animales parlantes! ¡Los padres pagamos las consecuencias!

¿Qué nos ha tocado hacer? Cambiar nombres a las comidas, disfrazar la carne en forma de otras cosas. Y eso, afortunadamente, nos funciona.

El piojo come carne de todo tipo, pero ni se plantea que es carne;  entre bocado y bocado te dice que él “carne no come, que no le gusta”, mientras tanto nosotros asentimos con la cabeza aguantándonos las ganas de reírnos y decirle la verdad.

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heridas en la boca

Las aftas, también conocidas como úlceras o llagas, son pequeñas heridas bastante dolorosas que se forman en la mucosa de la boca. No suelen ser muy grandes, y uno se pregunta cómo una cosa tan pequeña puede ser tan molesta. Lo cierto es que las aftas pueden aparecer de repente y tras un periodo de […]

Las aftas, también conocidas como úlceras o llagas, son pequeñas heridas bastante dolorosas que se forman en la mucosa de la boca. No suelen ser muy grandes, y uno se pregunta cómo una cosa tan pequeña puede ser tan molesta. Lo cierto es que las aftas pueden aparecer de repente y tras un periodo de entre 7 y 10 días desaparecen sin dejar ninguna marca. Pero durante ese tiempo, ¡cuánto molestan! En parte esto es así porque se encuentran en una zona que siempre tiene humedad, así que la cicatrización se dificulta.

 

Ojo, no hay que confundir las aftas con los herpes: las primeras aparecen en el interior de la boca y los segundos en el exterior. Además, las aftas no son contagiosas, mientras que los herpes sí que lo son. El origen de los herpes es vírico y una vez contagiados vamos a tener el virus latente toda la vida. Las aftas por el contrario son de origen desconocido, aunque son varios los factores que influyen en su aparición.

 

Las aftas pueden producirse por alergias alimentarias, sobre todo a los alimentos que más histaminas contienen (ciertos quesos, frutos secos, frutas como la piña, albaricoque, fresas, kiwis…). Yo soy muy alérgica y es cierto que este tipo de alimentos a veces producen hormigueo en la boca y si son muchas las cantidades que ingerimos pueden producirnos aftas. Es por esto que es imprescindible extremar la higiene bucal tras cada ingesta, para minimizar sus efectos en nuestra boca.

 

Tener el sistema inmunológico deprimido también puede influir en su aparición, así como cambios hormonales asociados a la menstruación. Si estamos tomando ciertos medicamentos también podemos favorecerlas. Por otro lado también pueden influir en la aparicióin de aftas  el estrés y la falta de vitaminas y minerales, en especial de ácido fólico o de vitamina B12.

 

Más allá de estos factores, las aftas también se producen por traumatismos. Uno de los más comunes cuando se es estudiante es la típica llaga que nos hacemos con los bolis en la boca. ¡Yo recuerdo hacerme unas cuantas con los bolis Bic de toda la vida! Estaba apoyada en la mesa con un boli en la boca y de repente ¡pum! ¡un golpe inesperado y llaga al canto! También suelen producirse si los niños llevan aparato, con el roce con los brackets.

 

En general, tenemos que enseñarles a los niños a que no tengan objetos punzantes en la boca. También pueden producirse, por ejemplo, de manera muy fácil con los caramelos de palo. Mucho cuidado con ellos ¡y sobre todo, nada de correr si tenemos uno en la boca!

 

Hay que extremar la higiene en la boca si tenemos una llaga. No queremos que se nos infecte más de la cuenta, de forma que es imprescindible no ser unos dejados en esos momentos.

 

Desafortunadamente, poco podemos hacer para curarlas.  Existen algunos remedios más o menos caseros, pero hagamos algo o no, las llagas se nos acabarán yendo. Así que ¡paciencia, paciencia y paciencia!

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