• Momentos para Sonreír

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Blog para compartir experiencias

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Hace unos meses escribí sobre el desfase que suponían las vacaciones de verano en nuestros hábitos alimentarios, pero hay una época que lo supera con creces y no es otra que la que estamos viviendo en estos momentos: la igualmente temida y amada NAVIDAD.

En estos momentos la Navidad no comienza el 24 de diciembre, a nivel gastronómico comienza mucho antes. Ya desde primeros de noviembre los supermercados nos inundan con productos típicos de la navidad, es en ese momento cuando empiezan a entrar en nuestra casa los primeros turrones y polvorones. Yo todos los años digo que no quiero comprar pero como vaya con las niñas a hacer la compra algo siempre entra en el carro, y por supuesto una vez que está en casa está en nuestra boca.

Semanas antes de Nochebuena ya se empiezan a organizar las cenas del trabajo que no son más que una excusa para empezar a comer y beber como cosacos (cosa que en este país nos gusta poco), por supuesto a nivel infantil también comenzamos con los cumpleaños del final del trimestre, la fiesta del cole de Navidad, etc.

Son estas dos semanas principales las que se convierten en el caos más absoluto, en mi caso sobre todo para las niñas, ya no son sólo las comidas y cenas festivas sino que se junta el estar de vacaciones y que en esos días todo vale. Pasan muchísimo más tiempo con abuelos y tíos (sobre todo en nuestro caso en que tanto papá como yo trabajamos en comercio y la campaña navideña nos absorbe), la abuela viene unos días a casa a echarnos una mano mientras nosotros doblamos turno y ¿qué es lo que trae en la maleta? Un montón de chucherías y chocolatinas con forma de Papá Noel o demás figuras navideñas que le han dado para ellas los tíos.

Vamos a su casa a cenar en Nochebuena o Nochevieja y las niñas por supuesto pasan del pulpo o los langostinos, ellas comen un poquito de jamón y están esperando a que salga el postre que es lo que les interesa, además de haber pasado la tarde con su tío por ahí haciendo y comiendo lo que casi prefiero no saber…

Por supuesto esto se repite continuamente del 23 de diciembre al 6 de enero (estoy segura que en casi todas las casas) cuando celebramos la llegada de los Reyes Magos merendando chocolate con churros.

Y ante esto, ¿qué puedo hacer? Rendirme a la evidencia de que no voy a conseguir cambiarlo y preparar un set de higiene bucal para dejar en cada casa de cada familiar con el que pasamos estos días, si se van a poner tibias a dulces por lo menos que después se queden con los dientes limpios, no puedo hacer más…

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PHB_2516Enseñar a los niños a que se limpien los dientes correctamente es una tarea que nos corresponde a los padres desde el primer momento de vida. Ya desde bebés, incluso aunque no les haya salido ninguna pieza dental, debemos mantener sus encías bien limpias y aseadas, algo que podemos realizar con una gasita a fin de quitarle los restos de leche que se le puedan quedar impregnados. Y en cuanto ya pueda manejarse con el cepillo, es el momento de enseñarle a usarlo con las incalculables ventajas que nos acarrea una perfecta higiene bucodental.

Pero esta tarea a menudo se nos complica. Los niños se cansan, se aburren, no les gustan las obligaciones y, a poco que nos descuidemos, han olvidado el cepillo en cualquier rincón del cuarto de baño, haciendo caso omiso a nuestras recomendaciones, y olvidando que el futuro de su salud viene, en gran medida, determinada por el grado de higiene que mantengan sus dientes. Algo que no siempre preocupa en la medida que debiera.

Darles una charla, insistir continuamente y, sobre todo, ser nosotros el mejor ejemplo, son cosas que la mayoría de padres hacemos por el bien de su salud, pero a veces no es suficiente. Entonces, ¿qué podemos hacer? Como suele ocurrir en millones de ocasiones los libros siempre fieles y eficaces nos pueden sacar de cualquier atolladero.

Y es así como hemos encontrado “¡A lavarse los dientes!” un divertido y muy original libro en el que los más pequeños van a aprender a cepillarse los dientes con eficacia, al mismo tiempo que aprenden y comprenden la necesidad de hacerlo con asiduidad y sin saltarse ni una sola de las veces.

“¡A lavarse los dientes!” es un cuento que, al mismo tiempo, propone actividades para que los niños interactúen con los personajes. A través de distintos mecanismos, los personajes ayudarán a estos niños a cepillarse correctamente los dientes. Ya visualmente es de lo más atractivo, con bonitos dibujos que se despliegan, lengüetas que suben y bajan, al mismo tiempo que les anima a tener curiosidad y conocer todo lo que ocurre en nuestra boca cuando nos lavamos correctamente.

Pero además de jugar, este libro despierta la curiosidad de los más pequeños. Les plantea preguntas cuya respuesta tendrán que ir descubriendo, como si se tratara de un juego de detectives: ¿cuántos dientes tenemos?, ¿cómo hay que cepillarse los dientes?, ¿durante cuánto tiempo? o ¿cuántas veces al día? De esta forma, además de ayudar a los personajes a ser bien aseados también entenderán porqué insistimos tanto en la necesidad de tenerlos bien limpios. Entonces, cepillarse los dientes será parte de un juego en el que participarán sin poner ninguna traba.

“¡A lavarse los dientes!” es obra de la escritora e ilustradora Patricia Geis, una autora catalana que tiene publicados más de cuarenta libros infantiles que han sido traducidos a multitud de idiomas. No en vano, “¡A lavarse los dientes!” ha sido seleccionado por los expertos de todo el mundo como uno de los libros más influyentes y necesarios para que los niños aprendan, mientras se divierten, sobre la necesidad de mantener bien limpios sus dientes.

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…a turrón a mieles y demás, dice la canción y sí, la Navidad llega cargada de dulces, pasteles, chuches, bebidas azucaradas, ricos postres… ¡Venga a hacernos un dispendio con el azúcar! ¿Sabes que, según un estudio publicado por El Economista, el 50% de la caries infantil aparece en estas fechas? ¡Normal, con tanto azúcar!

¿Qué podemos hacer? Obviamente, no vamos a prohibir el consumo de postres, dulces, etc… pero sí debemos enseñar a moderar su consumo y saber elegir, por ejemplo, es preferible comer chocolate a comer chuches: el azúcar de las chuches se queda impregnado con más facilidad en los dientes.

Una buena manera de controlar el azúcar y hacer los pasteles navideños más saludables es hacerlos en casa, además a los peques les encantará participar en su elaboración. Puedo dar fe que al piojo le encanta ponerse el delantal y meter las manos en la harina. Haciéndolos en casa podemos usar menos azúcar, más leche y utilizar ingredientes menos perjudiciales para nuestros dientes y nuestra salud en general.

Y, por último, tras la ingesta de turrones, mazapanes, polvorones y dar el último zambombazo al ritmo de los villancicos no debemos olvidarnos de nuestros grandes amigos: ¡El cepillo de dientes y sus fieles compañeros en el cuidado de nuestros dientes y encías!

¡Feliz Navidad y hasta el próximo año!

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