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Blog para compartir experiencias

Es importante, cuando aprendan a tragar, enseñarles a usar el enjuague bucal

 

El enjuague bucal es uno de nuestros aliados más eficaces para el cuidado y salud de nuestros dientes, y en un post anterior lo comparé con uno de los conocidos mosqueperros. ¿Recuerdan “uno para todos y todos para uno”? Sí, hablábamos del enjuague, del hilo dental y la pasta de dientes, siendo todos liderados por el gran cepillo dientes.

Sí, el enjuague bucal ha de convertirse en uno de esos fieles amigos, sin embargo, su incorporación en el cuidado dental debe ser más tarde que la del resto de los mosqueperros, je je je.

La edad idónea para comenzar a usarlo es los seis años. A esa edad los peques ya controlan bien el enjuagarse y no tragarse el líquido, antes no es recomendable precisamente por el no control de los peques a la hora de escupir el enjuague.

Muchos pensarán que con un buen cepillado ya es suficiente, pero no es así. ¿Quieres conocer algunos de sus beneficios?

  • Reduce la caries dental  en un 40% más tras el cepillado.
  • El enjuague llega a aquellos rincones interdentales a los que la destreza de los peques con el cepillo de dientes no llega. Sin contar que, de llevar ortodoncia, llega a donde el cepillo no puede.

Por cierto, ¿Sabes que existen productos para antes del cepillado que tiñen los dientes para mostrar la placa? Yo he de reconocer que no conocía los primeros hasta el momento, y la verdad es que me parecen un buen recurso para los peques. ¿Por qué? Tiñen los dientes en distintas tonalidades dependiendo de la suciedad del  diente. ¿No me dirán que eso no les va a molar a los peques? Bueno, ya saben no olviden a cada uno de los amigos de D’artacán, me despido con el célebre: ¡¡¡Uno para todos y todos para uno!!!

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¿Qué es cierto y qué es falso sobre los dientes de leche?

Desde el momento en que tenemos un bebé, e incluso antes, los padres nos exponemos a un montón de opiniones y comentarios, solicitados o no, sobre todo lo relacionado con la crianza y nuestro hijo. Ante esta avalancha de información, casi siempre bienintencionada aunque en algunos casos errónea,  tenemos un arma infalible: los especialistas. Debemos buscar información rigurosa de fuentes fiables. En lo que se refiere a la boca de nuestros peques, el pediatra y el odontopediatra serán los más indicados para distinguir mitos y realidades. Lo primero que aprendemos es que no es lo mismo mayoría que normalidad.  En el ser humano la normalidad es una franja con un margen muy amplio.

A la mayoría de los bebés les asoma su primer diente de leche alrededor de los 6 meses de vida. Si al tuyo le salen antes o algo más tarde, escucharás que no es normal.  En realidad hay bebés que nacen con algún dientecito, no es nada raro aunque no muy frecuente, no es malo y no es patológico.  Es recomendable que le vea el pediatra para asegurar que el diente está bien sujeto y no hay ningún riesgo. Hay niños a los que no les ha salido ningún diente al cumplir 8 meses, lo que en principio tampoco es un problema. Llévale al odontopediatra y que confirme que están bien formados. En cualquier caso la primera visita es aconsejable hacerla a los seis meses de la salida del primer diente o cuando el bebé cumple un añito.

El mito más extendido es seguramente el de la higiene. Te dirán que son piezas que se van a perder y que no es necesario cuidarlos como los definitivos.  Sin embargo, los dientes de leche pueden tener caries. Si sucede puede ser doloroso y puede causar problemas en la alimentación del niño. Además la infección se podría extender al diente definitivo que está formado y esperando en la encía su momento de salir. Es, por tanto, muy importante lavar bien la boca de nuestro peque desde que nace, primero con una gasita y más adelante con cepillos y pastas dentífricas adaptadas a su edad.

Otra de las creencias habituales es que la salida de los dientes de leche enferma al niño. Puede ser molesta y el bebé necesita morder y aliviar la presión de la encía. Por ese motivo se llevan todo a la boca, lo que aumenta las posibilidades de que se contagie con algún virus, pero no sería por causa de la dentición. Respecto a la fiebre los expertos aún no han consensuado resultados pero todo apunta a que tampoco hay una relación directa. Ofrece a tu niño mordedores y alimentos que le ayuden a aliviar el malestar y si ves que llora mucho, no come bien o no puede dormir, tu pediatra puede recetarle un calmante para ayudarle.

También hay muchos comentarios sobre el chupete, el biberón y el dedo y los problemas que pueden causar en la boca del bebé. La succión forma parte del desarrollo del niño tanto para alimentarse como para calmarse. El chupete y el pulgar pueden causar algún cambio en el paladar o el desplazamiento de los dientes, pero no serán permanentes si los retiramos antes de los tres años. Y, lo mismo sucede con el biberón. Después de esa edad cualquiera de los tres podrían repercutir en la salud bucal de nuestro hijo.

Los dientes de leche tienen más importancia de la que solemos darles. Deben estar sanos y bien formados para que la alimentación del niño sea correcta y para evitar problemas bucales inmediatos y futuros. Ante cualquier duda lo mejor es consultar con el médico y no hacer caso a falsos mitos.

 

 

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Lecciones que nos dan los niños

Ser madre es una de las experiencias más alucinantes que yo he vivido como mujer. Cuando no tienes hijos fantaseas con cómo será tener un bebé ¿se parecerá a mí? ¿tendrá mis ojos? ¿será niño o niña?. Cuando estás embarazada empiezas a preguntarte ¿Sabré cambiar pañales? ¿Se me resbalará cuando lo bañe? ¿Me va a dejar dormir? ¿Le compro este carrito o ese otro? 

Pero la realidad dejará todas esas cosas a un lado. Los primeros días bastante tendrás con sobrevivir al sueño, al cansancio, al no saber. Te acostumbrarás a su olor, a lo sorprendente que es que hayáis podido hacer una cosa pequeña tan perfecta. Todo en miniatura. Con sus dedos, sus brazos, su nariz diminuta. Y tan suave. Correrás cada vez que llore, temblarás de pensar que le pueda pasar algo, matarás por una sonrisa suya. Habrá días en que lo amarás a morir, otras veces que querrás tirarlo por el balcón y otros días en que lo amarás y te superará a partes iguales.  Otras veces te pasará todo esto, pero en la misma hora.  La montaña rusa, una nadería comparada con tu estado de ánimo.

Nadie dijo que fuera a ser fácil (Aunque sí dijeron que iba a ser toda una aventura).

A mí hay una cosa que me sigue sorprendiendo, y es la mayor lección que me han dado mis hijas. Porque, no os equivoquéis, nosotros educamos a los niños, pero los que nos dan lecciones son ellos. Y es el amor incondicional de un niño pequeño a su madre.

Cuando son bebés los niños tardan en saber diferenciar entre su ser y tu ser. Para él los dos sois uno, sin un límite definido. Tu pareja te quiere, pero no de ese modo. Tu bebé depende de tu persona y te quiere A TI, porque para él eres lo máximo. Habrá otros, pero nadie que lo tranquilice con el sonido de su corazón como tú. Ser el refugio de alguien es lo más alucinante que te ha pasado y que te pasará en la vida. Y no nos damos cuenta.

Al crecer los niños se despegan y van creando su propia personalidad. Aún así, tu hijo te va a querer seas como seas. Mis hijas me quieren, gorda, delgada, alta, baja, de buen humor, de mal humor. Me quieren a mí. Porque soy su madre. Y les importa un pito que haya gente a quien nosotras mismas consideremos mejores. Para mis hijas no hay absolutamente nadie mejor madre que yo en el mundo. Lo que tiene mérito porque soy una madre bastante desastrosa.

Los hijos nos enseñan lo que es querer. Lo que es amar sin límite, sin esperar nada a cambio. A tus hijos los quieres los días buenos, los malos y los regulares. Hasta cuando estás enfadada. Y esto amigos, es algo que hemos aprendido de ellos.

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